Kunsthistorisches Museum – Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610) -- The Crowning with Thorns
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A su izquierda, un hombre mayor, con rostro severo y mirada penetrante, parece ayudarle a sostener el crucifijo. Su gesto es ambiguo; no se percibe compasión, sino más bien una resignación pragmática ante la tarea impuesta. Detrás de ellos, otro personaje, ataviado con un gorro rojo, observa la escena con una expresión que oscila entre la curiosidad y el desinterés. A su lado, una figura envuelta en un manto oscuro se diluye en las sombras, sugiriendo una presencia silenciosa y quizás cómplice.
A la derecha del hombre central, una mujer joven lo contempla con una mezcla de dolor y consternación. Su rostro, iluminado por una luz tenue, refleja empatía y preocupación, contrastando con la frialdad aparente de los otros personajes presentes. Su postura inclinada hacia el hombre que lleva la cruz sugiere un deseo de aliviar su sufrimiento, aunque sea a través de la simple observación compasiva.
La iluminación es dramática, con fuertes contrastes entre luces y sombras (claroscuro) que acentúan la intensidad emocional de la escena. La luz se concentra en los rostros y las manos de los personajes principales, resaltando sus expresiones y gestos. El fondo oscuro y difuso contribuye a crear una atmósfera opresiva y claustrofóbica, intensificando la sensación de desesperación y sufrimiento.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como el sacrificio, la injusticia, la compasión y la indiferencia humana. La presencia de los diferentes personajes sugiere una reflexión sobre las diversas reacciones ante el dolor ajeno: desde la ayuda pragmática hasta la contemplación pasiva e incluso la posible complicidad. La corona de espinas, símbolo de sufrimiento y humillación, evoca la fragilidad de la condición humana y la capacidad del hombre para infligir dolor a su semejante. La mujer que observa con compasión podría interpretarse como un faro de esperanza en medio de la oscuridad, representando la posibilidad de redención y empatía incluso en las circunstancias más adversas. El uso magistral del claroscuro no solo sirve para realzar el dramatismo de la escena, sino también para sugerir una lucha entre la luz y la sombra, entre la bondad y la maldad que reside en el corazón humano.