Kunsthistorisches Museum – Roelandt Savery (1576-1639) -- Landscape with Animals and Orpheus
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El primer plano está dominado por una profusión de criaturas. Ciervos, antílopes, leones, búfalos, aves de plumaje variado y otros animales coexisten en aparente armonía, aunque la representación no implica necesariamente una interacción pacífica entre ellos. La disposición es densa, casi caótica, pero cuidadosamente orquestada para guiar la mirada del espectador a través de la escena. Se observa un cuidadoso estudio de las especies, con atención al detalle anatómico y a la reproducción fiel de sus características distintivas.
En el segundo plano, la arquitectura se erige como un elemento contrastante. Su estilo clásico sugiere una conexión con la antigüedad, evocando ideas de civilización, orden y quizás, decadencia. La luz que incide sobre estas ruinas es más tenue, creando una sensación de misterio y distancia. La presencia de esta estructura arquitectónica introduce una dimensión simbólica a la obra; podría representar el paso del tiempo, la fragilidad de las construcciones humanas frente a la naturaleza o incluso un paraíso perdido.
El cielo, con su gradación de azules y nubes dispersas, proporciona un telón de fondo amplio y luminoso. La inclusión de aves en vuelo refuerza la sensación de libertad y expansión. La luz es uniforme, sin una fuente de iluminación clara, lo que contribuye a crear una atmósfera onírica y atemporal.
Subtextualmente, el cuadro parece explorar temas relacionados con la naturaleza, la armonía (o la ausencia de ella) entre los seres vivos, y la relación entre el hombre y su entorno. La abundancia de animales podría interpretarse como una representación del Edén antes de la caída, un mundo prístino e inmaculado. La arquitectura en ruinas, por otro lado, introduce una nota de melancolía y reflexión sobre la transitoriedad de las cosas materiales. El artista parece invitar a la contemplación de la belleza natural y a la consideración del lugar del hombre dentro de este vasto orden cósmico. La ausencia de figuras humanas es significativa; el paisaje se presenta como un espacio autónomo, donde la naturaleza reina suprema.