Kunsthistorisches Museum – Anguissola,Sofonisba -- Self-portrait, 1554 Wood, 17 x 12 cm Inv. 285
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El rostro presenta un estudio minucioso de los rasgos: la piel, con sus sutiles matices rosados y amarillentos, revela una preocupación por la verosimilitud que denota maestría técnica. Los ojos, grandes y expresivos, transmiten inteligencia y cierta melancolía. El cabello, recogido en un peinado sencillo, enmarca el rostro sin ocultar su estructura ósea, acentuando la impresión de naturalidad.
La vestimenta es sobria: un atuendo oscuro, posiblemente de terciopelo o lana, con un cuello ricamente adornado con encaje. Esta elección estilística contrasta con la sencillez del peinado y el fondo verde oscuro, creando una atmósfera de elegancia discreta. En su mano izquierda sostiene un pequeño libro abierto, cuyas páginas exhiben una inscripción legible: Sofonisba Anguissola invenit et sculpsit 1554. Esta firma no es meramente identificativa; funciona como una declaración de autoría en una época donde el reconocimiento femenino en las artes era limitado.
El fondo verde, uniforme y sin detalles, concentra la atención sobre la figura, pero también puede interpretarse como un símbolo de esperanza o fertilidad. La iluminación, proveniente de una fuente lateral izquierda, modela los volúmenes del rostro y la vestimenta, acentuando su textura y creando un juego de luces y sombras que añade profundidad a la imagen.
Subyacentemente, esta obra trasciende el mero retrato individual. La presencia del libro sugiere una conexión con el conocimiento y las artes liberales, elementos cruciales para la educación femenina en la época. La mirada directa y la postura segura sugieren un desafío implícito a las convenciones sociales que limitaban el papel de la mujer. El autor, al plasmarse a sí misma, no solo se presenta como artista, sino también como individuo con una identidad propia y una voz digna de ser escuchada. La pequeña escala del retrato podría interpretarse como una declaración de modestia, pero también como una forma de afirmar su presencia en un mundo dominado por hombres. En definitiva, la pintura es un testimonio silencioso de ambición artística y afirmación personal.