Kunsthistorisches Museum – Bartholomaeus Bruyn the Elder(1493-1555) -- Portrait of a Knight of the Order of Malta
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Aquí se observa un retrato de un hombre, presumiblemente un caballero, con una marcada carga simbólica. La composición es frontal y centrada, enfatizando la figura principal que ocupa gran parte del espacio pictórico. El rostro, iluminado por una luz suave pero directa, revela una expresión serena, casi melancólica, acentuada por los ojos ligeramente hundidos y el porte digno. La barba bien cuidada y el cabello corto, cubierto por un gorro negro de fieltro, sugieren una personalidad austera y posiblemente perteneciente a la nobleza o a una orden religiosa militar.
El caballero viste una túnica oscura con detalles en rojo y blanco que revelan una insignia distintiva: una cruz prominente sobre un fondo blanco y rojo. Esta señalización es crucial para comprender el contexto del retrato, indicando su pertenencia a una organización específica, posiblemente de carácter religioso o militar. La riqueza de los tejidos y la presencia de adornos discretos en el cuello sugieren un estatus social elevado.
El autor ha dispuesto con intencionalidad varios objetos que funcionan como memento mori. En primer plano, sobre las manos del caballero, se encuentran un cráneo humano y una ampulleta de cristal con arena fluyendo. El cráneo es un símbolo universal de la mortalidad, recordatorio constante de la fugacidad de la vida terrenal. La ampulleta, con su arena que escapa inexorablemente, refuerza esta idea de transitoriedad del tiempo y la inevitabilidad de la muerte.
Una pequeña lámina enrollada en la mano izquierda presenta una inscripción legible: VIVE NEMOR LETI. FVGIT HORA. La traducción aproximada sería “Vive con temor a la muerte. El tiempo huye”. Esta frase, concisa y directa, encapsula el mensaje central de la obra: una reflexión sobre la vida, la muerte y la importancia del momento presente.
El fondo oscuro y uniforme contrasta con la luminosidad del rostro y los objetos en primer plano, atrayendo la atención del espectador hacia estos elementos clave. La fecha 1531 inscrita en la esquina superior derecha proporciona un marco temporal para la obra, situándola en el contexto histórico del siglo XVI.
En resumen, esta pintura no es simplemente un retrato; es una meditación sobre la condición humana, la fragilidad de la existencia y la necesidad de confrontar la muerte como parte integral de la vida. La combinación de elementos realistas con símbolos alegóricos crea una atmósfera de solemnidad y reflexión que invita a la contemplación del espectador.