Kunsthistorisches Museum – Herri met de Bles (c. 1510-after 1550) -- Hell
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En el plano superior, se distingue una conflagración generalizada. Edificios arden bajo un cielo turbulento, envuelto en llamas. Entre las ruinas, figuras humanas sufren tormentos variados: algunas son arrastradas por máquinas grotescas, otras parecen ser atormentadas por demoníacos seres montados en animales fantásticos. La perspectiva es deliberadamente distorsionada, contribuyendo a la sensación de irrealidad y pesadilla.
En el plano inferior, la actividad se intensifica. Se perciben carros de guerra que aplastan cuerpos, instrumentos de tortura de aspecto macabro y una multitud de figuras humanas en actitudes de desesperación y sufrimiento. Un elemento recurrente son los objetos bélicos: catapultas, ruedas dentadas, armas, que sugieren un castigo infernal orquestado por fuerzas implacables.
La iconografía es rica en simbolismo. La presencia constante del fuego puede interpretarse como una representación de la purificación a través del sufrimiento, pero también como una manifestación de la ira divina y el castigo eterno. Las máquinas de tortura, con su crudeza y brutalidad, aluden a los pecados capitales y sus consecuencias. La multitud de figuras humanas, cada una sufriendo un tormento específico, sugiere una advertencia moral: las acciones en vida tienen repercusiones definitivas.
El autor parece haber querido transmitir una visión apocalíptica del destino humano, donde la justicia divina se ejerce a través de un sufrimiento incesante y una destrucción total. La composición circular refuerza esta idea de un ciclo eterno de castigo, sin principio ni fin. La ausencia de jerarquía en el sufrimiento – desde los reyes hasta los campesinos todos comparten el mismo destino– sugiere una crítica implícita a la vanidad del poder terrenal y la inevitabilidad de la muerte. La obra, por tanto, no es simplemente una representación visual del infierno, sino una reflexión profunda sobre la condición humana, el pecado y la justicia divina.