Orest Adamovich Kiprensky – fortune-teller with a candle. 1828. Oil on canvas. 64h51. GRM
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La paleta cromática es dominada por tonos cálidos – ocres, marrones y rojizos – que contribuyen a la sensación de penumbra y secretismo. El contraste entre las zonas iluminadas y las sumidas en la sombra acentúa el dramatismo de la escena. La vela, colocada estratégicamente a la izquierda, no solo proporciona luz sino que también funciona como un elemento simbólico, evocando la iluminación del conocimiento oculto y la fragilidad de la verdad.
En primer plano, sobre una superficie oscura y texturizada, se encuentran objetos asociados con el oficio de la adivinación: cartas dispersas, un pequeño libro encuadernado y lo que parece ser un recipiente de bronce o metal oscuro. Estos elementos refuerzan la identidad de la mujer como intérprete del destino y portadora de secretos.
La vestimenta es sencilla pero adornada: un turbante rojo sobre el cabello oscuro, pendientes llamativos y un collar con motivos geométricos. Estos detalles sugieren una cierta marginalidad social, pero también una búsqueda de distinción dentro de su oficio. La pose de la mujer, apoyando el mentón en la mano, transmite una actitud contemplativa, como si estuviera sopesando las posibilidades que se le presentan o esperando una revelación.
Más allá de la representación literal de una adivina, la pintura parece explorar temas más profundos relacionados con la incertidumbre del futuro, la búsqueda de significado y la fascinación por lo desconocido. La ambigüedad en la expresión facial de la mujer permite múltiples interpretaciones: ¿es una estafadora que se aprovecha de la vulnerabilidad ajena? ¿O es una verdadera vidente conectada con fuerzas superiores? La obra invita a reflexionar sobre la naturaleza de la verdad, el poder de la ilusión y los límites del conocimiento humano. La atmósfera opresiva y la iluminación teatral sugieren un mundo al margen de las convenciones sociales, donde lo oculto y lo misterioso prevalecen.