Gustav Klimt – Rosebushes under the Trees
Ubicación: Orsay Museum (Musée d’Orsay), Paris.
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La obra presenta una densa arboleda dominada por rosales bajo árboles frondosos. El espectador se encuentra ante una profusión de vegetación que ocupa casi toda la superficie del lienzo. Los troncos de los árboles, de un marrón oscuro y textura vertical, sirven como anclaje para el exuberante follaje verde que se extiende hacia arriba, difuminándose en tonos azulados en las partes más altas.
El tratamiento del color es particularmente notable. El verde no es uniforme; se compone de una miríada de tonalidades, desde verdes claros y luminosos hasta verdes oscuros y profundos, aplicados con pequeñas pinceladas que crean un efecto vibrante y casi táctil. Puntos de amarillo y naranja salpican el follaje, sugiriendo la luz filtrándose entre las hojas o quizás flores ocultas.
En la parte inferior del cuadro, una agrupación de rosales blancos destaca por su delicadeza y contraste con la masa verde superior. Estos rosales parecen estar en primer plano, casi como si estuvieran siendo ofrecidos al espectador. La base de los árboles se encuentra sobre un prado también verde, aunque más claro y menos saturado que el follaje.
La composición es notablemente plana; no hay una perspectiva tradicional definida ni un punto focal claro. Esta falta de profundidad contribuye a la sensación de inmersión en la naturaleza, como si el espectador estuviera rodeado por los árboles.
Subtextos potenciales: La obra puede interpretarse como una representación del ciclo vital y la fertilidad. Los rosales, símbolo tradicional del amor y la belleza, contrastan con la solidez y permanencia de los árboles. La densa vegetación podría evocar un jardín secreto o un espacio protegido, un refugio natural alejado del mundo exterior. La repetición de las pinceladas y la falta de jerarquía en los elementos sugieren una visión panteísta de la naturaleza, donde todo está interconectado y posee su propia belleza intrínseca. La ausencia de figuras humanas podría interpretarse como una invitación a la contemplación y la conexión con el mundo natural, o quizás como un reflejo de la soledad y el aislamiento. La saturación del color y la textura rica sugieren una experiencia sensorial intensa, casi abrumadora, que evoca emociones profundas relacionadas con la vida, la muerte y la renovación.