Konstantin Alekseevich Korovin – City Candy. 1913
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La paleta cromática es notablemente restringida: azules intensos y verdes oscuros dominan el fondo, contrastando con las tonalidades más claras que definen algunos edificios y elementos arquitectónicos. Un punto focal se establece a través de un destello anaranjado en la parte izquierda del cuadro, que atrae la mirada y añade una nota de intensidad emocional. La luz no es naturalista; parece emanar desde múltiples fuentes, creando sombras abruptas y resaltando las formas geométricas.
El autor ha empleado pinceladas expresivas y vigorosas, evidenciando un interés en transmitir más que una mera representación visual. La superficie pictórica se revela como un campo de batalla donde la forma lucha por definirse, sugiriendo una inquietud subyacente. La ausencia de figuras humanas acentúa la sensación de desolación o alienación; el espacio urbano parece vacío y deshabitado.
Se intuye una crítica implícita a la modernidad y al crecimiento desenfrenado de las ciudades. La fragmentación de los edificios, su aparente falta de conexión entre sí, podría interpretarse como una metáfora de la pérdida de comunidad o de la deshumanización inherente a la vida urbana. La composición, con sus líneas tensas y perspectivas distorsionadas, evoca una sensación de opresión y claustrofobia, sugiriendo un mundo en crisis o al borde del colapso. La obra no busca celebrar el progreso, sino más bien interrogarlo.