Konstantin Alekseevich Korovin – Spring. 1915
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En primer término, un cuerpo de agua oscuro refleja el cielo nublado y las siluetas de los árboles, creando una sensación de profundidad y misterio. Sobre esta superficie acuática se posan grandes fragmentos de hielo, que parecen flotar con cierta lentitud, indicando que el deshielo aún está en curso. La disposición irregular de estos bloques de hielo introduce un elemento de dinamismo y tensión visual en la composición.
La paleta cromática es contenida, predominando los tonos verdes oscuros, marrones terrosos y azules apagados. Esta elección contribuye a una atmósfera melancólica y contemplativa, evocadora de la quietud y el silencio propios del despertar primaveral. La luz, difusa y uniforme, no genera contrastes marcados, sino que acentúa la sensación de calma y serenidad.
Más allá de su valor descriptivo, la pintura parece sugerir una reflexión sobre el paso del tiempo y la naturaleza cíclica de las estaciones. El deshielo simboliza la liberación, la renovación y la esperanza tras un período de frío y oscuridad. La persistencia del hielo, sin embargo, también alude a la resistencia de lo antiguo y a la lentitud con que se produce el cambio. El autor parece interesado en captar no solo la apariencia visual del paisaje, sino también su significado simbólico, invitando al espectador a contemplar la belleza efímera de un instante fugaz. La composición, aunque aparentemente sencilla, encierra una complejidad emocional y conceptual que invita a múltiples interpretaciones.