Konstantin Alekseevich Korovin – Still Life. Wine, fruit. 1910
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La paleta cromática se centra en tonos terrosos: ocres, marrones, verdes apagados y toques de rojo intenso en las flores. Esta elección limita la luminosidad y acentúa el carácter introspectivo de la escena. La pincelada es suelta y expresiva, con trazos visibles que sugieren una cierta inestabilidad o transitoriedad. No se busca la representación mimética de los objetos, sino más bien la transmisión de una impresión subjetiva, un estado anímico.
La jarra oscura, ubicada en primer plano, actúa como punto focal, atrayendo la mirada del espectador. Su forma es simple y robusta, pero su color negro absorbe la luz, creando una sensación de peso y misterio. La fruta, dispuesta alrededor de la jarra, parece desbordarse, ocupando casi todo el espacio disponible. Las flores, con sus pétalos caídos y colores apagados, sugieren un ciclo de decadencia y finitud.
Más allá de la mera representación de objetos inanimados, esta pintura evoca una reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la inevitabilidad de la pérdida. La atmósfera opresiva y los tonos sombríos contribuyen a crear una sensación de melancolía y resignación. Se intuye una carga emocional en la obra, un sentimiento de nostalgia o añoranza por algo que se ha perdido o que nunca fue poseído. La estructura vegetal en el fondo, aunque parcialmente visible, podría interpretarse como una barrera entre el mundo interior del artista y la realidad exterior, reforzando así la sensación de aislamiento y contemplación introspectiva. La composición, en su conjunto, invita a la reflexión sobre la condición humana y la fragilidad de la existencia.