Los Angeles County Museum of Art – Rembrandt Harmensz. van Rijn - The Raising of Lazarus
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A sus pies, una multitud se agolpa, mostrando reacciones variadas: asombro, temor reverencial, e incluso incredulidad. Los rostros están modelados con gran detalle, revelando la individualidad de cada personaje y acentuando la intensidad emocional del momento. Se aprecia un anciano a la izquierda, inclinado en señal de respeto o súplica, mientras que una mujer joven, situada más cerca del centro, alza sus manos en un gesto de ferviente devoción.
En el plano frontal, emerge la figura de un hombre recostado sobre una especie de plataforma o lecho pétreo. Su rostro, pálido y demacrado, sugiere un estado de muerte reciente, aunque se intuye un movimiento sutil que anticipa su resurrección. La tela mortuoria que lo cubre parcialmente contribuye a la atmósfera de misterio y expectación.
La iluminación juega un papel crucial en la construcción del significado de la obra. El contraste entre las zonas iluminadas y las sumidas en la penumbra acentúa el dramatismo de la escena, focalizando la atención sobre los personajes principales y creando una sensación de profundidad espacial. La luz no es uniforme; se concentra en las figuras clave, resaltando sus expresiones y gestos, mientras que deja otras áreas en la sombra, sugiriendo un mundo más allá de lo visible.
El uso del claroscuro, tan característico del artista, intensifica el impacto emocional de la pintura. Las sombras profundas no solo contribuyen a crear una atmósfera opresiva, sino que también sirven para realzar la luminosidad de las figuras iluminadas, otorgándoles un aura casi sobrenatural.
En cuanto a los subtextos, se puede inferir una reflexión sobre el poder divino, la fe y la esperanza frente a la muerte. La escena parece representar un momento crucial en la historia de la humanidad, donde lo imposible se hace realidad gracias a la intervención de una fuerza superior. La disposición de las figuras sugiere una jerarquía: la figura central domina la composición, mientras que los demás personajes actúan como testigos y participantes en este evento trascendental. La presencia de objetos como el farol o la espada, situados en un segundo plano, podrían simbolizar la iluminación espiritual o el poder terrenal, respectivamente, contrastando con la naturaleza divina del acto que se está llevando a cabo. En definitiva, la pintura invita a la contemplación sobre los límites de la existencia humana y la posibilidad de trascenderlos.