Isaac Ilyich Levitan – Stormy day. 1897
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El primer plano está ocupado por un campo ondulante, cubierto de vegetación exuberante y salpicado de flores silvestres que aportan toques de color amarillo y blanco a la paleta general. Un camino sinuoso se abre entre la hierba alta, invitando al espectador a adentrarse en el paisaje. En la línea del horizonte, se distinguen algunas construcciones rurales: modestas cabañas con techos bajos y una estructura que podría ser un granero o establo. La disposición de estas edificaciones es dispersa, lo que refuerza la sensación de aislamiento y quietud.
La pincelada es visible y expresiva, con trazos sueltos y empastados que contribuyen a la textura general de la obra. Se aprecia una intención de capturar no solo la apariencia visual del paisaje, sino también su carácter emocional: la inestabilidad del cielo contrasta con la aparente calma del campo, creando una tensión palpable.
Más allá de la representación literal del entorno rural, esta pintura parece sugerir reflexiones sobre la naturaleza humana y su relación con el mundo que le rodea. La tormenta puede interpretarse como una metáfora de las dificultades o desafíos de la vida, mientras que el paisaje, a pesar de su aparente serenidad, está marcado por la presencia ineludible de la adversidad. El camino sinuoso podría simbolizar un viaje incierto, y las cabañas dispersas, la fragilidad de la existencia humana frente a la fuerza implacable de la naturaleza. La obra evoca una sensación de melancolía y contemplación, invitando al espectador a reflexionar sobre la transitoriedad de la vida y la belleza efímera del mundo natural.