Louvre – PUSSIN NICHOLAS - Triumph of Flora
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La composición presenta una escena exuberante y dinámica ambientada en un paisaje idealizado, posiblemente un jardín o bosque sagrado. El foco central lo ocupa una figura femenina sentada sobre un carro ricamente adornado, tirado por animales que parecen ser cabras o criaturas mitológicas híbridas. Esta figura, vestida con ropas claras y coronada de flores, irradia serenidad y autoridad; su postura sugiere una posición elevada, casi divina.
Alrededor del carro se agrupa un numeroso conjunto de figuras humanas, en su mayoría desnudas o semidesnudas. Se observa una gran variedad de edades y expresiones: niños jugando, jóvenes danzando, adultos observando con reverencia. La presencia recurrente de flores y guirnaldas sugiere una celebración asociada a la fertilidad, la primavera o el florecimiento natural.
El artista ha empleado un tratamiento claro-oscuro que enfatiza los volúmenes y crea una atmósfera teatral. Las sombras densas en primer plano contrastan con las áreas iluminadas del carro y las figuras centrales, dirigiendo la mirada del espectador hacia la protagonista. La luz dorada que baña el fondo insinúa un horizonte lejano y posiblemente un ámbito celestial.
La pintura sugiere una alegoría de la abundancia y el poder regenerador de la naturaleza. El carro puede interpretarse como símbolo de la fertilidad, mientras que las figuras circundantes representan los frutos de esa fertilidad: la juventud, la belleza, la alegría y la prosperidad. La presencia de elementos mitológicos, como los animales que tiran del carro o los pequeños seres alados que acompañan a la figura principal, evoca un mundo idealizado donde lo natural y lo sobrenatural se fusionan.
Se percibe una clara influencia clásica en la representación de las figuras humanas, con cuerpos proporcionados y poses elegantes. Sin embargo, el dinamismo general de la composición y la exuberancia de los detalles sugieren una sensibilidad barroca que busca transmitir emoción y movimiento al espectador. La escena podría interpretarse como un elogio a la vida, la belleza y la armonía del universo natural, o bien como una representación de un culto pagano asociado a la diosa Flora o alguna otra divinidad relacionada con la primavera y el florecimiento.