Louvre – MASTER OF CHRISTMAS CASTELLO - Madonna and child surrounded by four angels
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La Virgen se presenta con una expresión serena y contemplativa, su mirada dirigida hacia adelante, más allá del espectador. Viste una túnica roja sobre una prenda blanca, colores que contrastan entre sí y enfatizan la pureza de la figura femenina. El Niño, en el centro de la composición, mira directamente al observador con una expresión curiosa e inocente. Su cuerpo está desnudo, lo cual es común en representaciones de la infancia divina, simbolizando su vulnerabilidad y divinidad primordial.
Los cuatro ángeles que flanquean a la Virgen están vestidos con túnicas de colores vivos y adornados con coronas de flores. Sus gestos son variados: algunos parecen ofrecer ofrendas, otros observan con reverencia, creando una sensación de movimiento y dinamismo dentro del espacio pictórico. La disposición simétrica de los ángeles contribuye a la armonía general de la composición, reforzando el carácter sagrado de la escena.
El uso extensivo del dorado en el fondo no solo crea un efecto visual impactante, sino que también alude a la divinidad y la trascendencia. El brillo del oro resalta las figuras principales y las separa del mundo terrenal, situándolas en un plano superior. La luz, aunque uniforme, parece emanar de una fuente invisible, iluminando los rostros de los personajes y acentuando sus rasgos.
Subtextualmente, esta pintura podría interpretarse como una representación de la maternidad divina y la protección celestial. La Virgen María, como intercesora entre Dios y la humanidad, ofrece al Niño Jesús, símbolo de la redención. Los ángeles, mensajeros divinos, refuerzan este mensaje de esperanza y salvación. La delicadeza en el tratamiento de los rostros y las manos sugiere una profunda devoción y un deseo de representar la belleza idealizada del mundo espiritual. La composición, aunque formal, transmite una sensación de intimidad y cercanía entre la Virgen, el Niño y sus acompañantes celestiales.