Mauritshuis – Willem van Aelst - Still Life with Partridges
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Aquí se observa una composición de naturaleza muerta meticulosamente organizada sobre una superficie marmórea. El foco central lo ocupan unas perdices, dispuestas con un realismo casi fotográfico que resalta la textura de sus plumas y el brillo húmedo de sus ojos. La luz incide dramáticamente sobre las aves, creando fuertes contrastes de claroscuro que acentúan su volumen y los detalles de su anatomía.
El conjunto se presenta sobre una tela verde esmeralda, que sirve como base para la exhibición de diversos objetos relacionados con la caza: un cuerno, un pisón, un cepillo, y otros instrumentos metálicos cuyo propósito parece ser el cuidado y mantenimiento del armamento. Una cuerda suspendida en la parte superior introduce elementos adicionales – una pequeña botella o recipiente, un paño enrollado y un mechón de lo que podría ser pelo o lana– que añaden complejidad a la composición y sugieren una narrativa más allá de la mera representación de objetos.
La disposición de los elementos no parece casual; se intuye una intención en el ordenamiento, una exhibición deliberada de riqueza y abundancia. La presencia de las perdices, animales asociados con la nobleza y la caza mayor, refuerza esta idea. El uso del mármol como soporte subraya la opulencia y el refinamiento del entorno.
Más allá de su valor estético, la obra invita a una reflexión sobre la vanidad de la existencia y la transitoriedad de la vida. La representación detallada de las aves abatidas, aunque bellamente ejecutada, evoca la inevitabilidad de la muerte y la fugacidad del placer terrenal. La meticulosidad con que se han representado los objetos sugiere una obsesión por el detalle, quizás como un intento de aferrarse a lo tangible en un mundo efímero. La composición, en su conjunto, podría interpretarse como una memento mori, una recordatorio de la mortalidad humana y la importancia de valorar el presente. La oscuridad del fondo contribuye a esta atmósfera melancólica, acentuando la luminosidad de los objetos en primer plano y creando una sensación de profundidad que atrae al espectador hacia el interior de la escena.