Mauritshuis – Master of Alkmaar (follower of or after) - Triptych with the Adoration of the Magi
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En el panel central, la Virgen María, sentada en un trono modesto, sostiene al Niño Jesús. A su alrededor se agolpan tres personajes, presumiblemente los Reyes Magos, quienes le ofrecen ofrendas: uno presenta un cofre con joyas, otro una vasija y el tercero parece estar en acto de reverencia. La luz incide sobre la figura de María, resaltando su rostro sereno y la blancura de sus ropas. Detrás del grupo principal se alza una estructura arquitectónica compleja, que combina elementos góticos y renacentistas. Esta construcción sirve como telón de fondo para la escena religiosa, pero también introduce un elemento de realismo urbano, con balcones, ventanas y detalles decorativos minuciosos.
Los paneles laterales complementan la escena central, extendiendo el contexto narrativo. En uno de ellos, se observa una ciudad portuaria con barcos anclados y figuras que parecen observar la llegada de los Reyes Magos. El otro panel lateral muestra un paisaje rural con caballos, gente a caballo y edificios en la distancia, sugiriendo el viaje y la peregrinación hacia el lugar del nacimiento.
La paleta de colores es rica y vibrante, con predominio de tonos cálidos como el rojo, el dorado y el verde. La atención al detalle es notable: se aprecia en las texturas de los tejidos, en la expresión de los rostros de los personajes y en la representación precisa de los objetos presentes.
Más allá de la narración explícita del evento religioso, esta pintura parece ofrecer una reflexión sobre la importancia de la fe, el poder de la generosidad y la conexión entre lo divino y lo terrenal. La inclusión de elementos seculares –la ciudad, el paisaje rural– sugiere una integración de la vida cotidiana en el contexto espiritual. La multitud que rodea a los personajes principales podría interpretarse como un símbolo de la universalidad del mensaje religioso, invitando a todos a participar en la adoración. El uso de la arquitectura no solo sirve de marco, sino que también alude a la importancia de las instituciones religiosas y su papel en la sociedad. La pintura, en su conjunto, transmite una sensación de opulencia y celebración, pero también invita a la contemplación silenciosa.