Mauritshuis – Pieter Jansz Quast - The Triumph of Folly: Brutus Playing the Fool before King Tarquinius
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La disposición de los personajes es deliberadamente caótica; algunos se inclinan hacia adelante en gestos de burla o admiración, otros permanecen sentados en sillas o bancos con expresiones ambiguas, mientras que uno, a la izquierda, parece observar desde una posición más distante y contemplativa. Esta mezcla de actitudes contribuye a una atmósfera de desenfreno controlado, donde el ridículo es tanto objeto como herramienta.
En el fondo, se aprecia un balcón adornado con esculturas clásicas – Venus, Afrodita, figuras alegóricas – que contrastan con la frivolidad de la escena en primer plano. La presencia de estas estatuas podría interpretarse como una alusión a los ideales del Renacimiento y la Antigüedad clásica, pero su ubicación distante sugiere también una crítica implícita a la superficialidad de la corte o de la sociedad representada.
El hombre con el bastón, situado en el extremo derecho, parece ser un observador externo, quizás un bufón o un cortesano desilusionado que contempla la farsa desde una perspectiva más objetiva. Su postura y expresión sugieren una mezcla de ironía y resignación.
La iluminación es desigual, concentrándose en las figuras principales y dejando el resto del espacio sumido en la penumbra. Esto acentúa la teatralidad de la escena y dirige la atención del espectador hacia los personajes más relevantes. El uso del color es igualmente estratégico; los tonos oscuros dominan la composición, pero se ven interrumpidos por destellos de colores vivos en las vestimentas de algunos personajes, lo que refuerza su individualidad y contribuye a la sensación general de exuberancia y desenfreno.
Subyacentemente, la obra parece explorar temas como el poder, la apariencia, la locura y la sabiduría. La figura central, al asumir el papel del bufón, podría estar desafiando las convenciones sociales o exponiendo la vanidad de aquellos que ostentan el poder. La escena en sí misma puede interpretarse como una alegoría sobre la naturaleza humana, donde la risa y el ridículo sirven como mecanismos de defensa ante la adversidad o como herramientas para subvertir el orden establecido. La yuxtaposición entre lo clásico y lo grotesco sugiere una crítica a las pretensiones culturales y a la decadencia moral de la época.