Mauritshuis – Jan Miense Molenaer - The Five Senses: Touch
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La joven, con una sonrisa burlona en su rostro, irradia una energía activa y desafiante. Su postura es dinámica; el brazo extendido y la inclinación de su cuerpo sugieren un movimiento repentino e intencionado. La luz incide sobre su rostro, resaltando sus facciones y acentuando la expresión juguetona que exhibe.
A la derecha, una tercera figura se asoma desde detrás de una mesa o superficie elevada. Su rostro está parcialmente oculto por el ala de un sombrero, pero se percibe una actitud observadora e incluso divertida ante lo que sucede. La presencia de esta figura contribuye a la atmósfera general de complicidad y entretenimiento.
El entorno es austero y poco detallado; parece tratarse de una habitación sencilla con paredes oscuras y una ventana que deja entrever un exterior difuso. Esta simplicidad en el fondo permite que la atención del espectador se concentre completamente en los personajes y su interacción.
Más allá de lo evidente, la pintura sugiere subtextos relacionados con las relaciones intergeneracionales, el poder femenino y la naturaleza humana. El acto aparentemente trivial de golpear al anciano con un plato podría interpretarse como una representación simbólica de la rebeldía juvenil o de la dinámica de dominio dentro del hogar. La sonrisa de la mujer no es simplemente una expresión de alegría; implica una cierta superioridad o control sobre el hombre mayor. La escena, aunque cómica en apariencia, también puede evocar sentimientos de ambigüedad moral y cuestionamiento social. El uso de personajes con rasgos exagerados y expresiones faciales intensas refuerza la naturaleza satírica de la obra, invitando a una reflexión más profunda sobre las convenciones sociales y los roles de género de la época. La presencia de la figura observadora añade un elemento de voyeurismo, sugiriendo que esta escena es parte de un espectáculo más amplio para el disfrute del espectador.