Mauritshuis – Moyses van Wtenbrouck - Wooded Pool with Salmacis and Hermaphroditus
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El agua ocupa una parte significativa del plano frontal, reflejando fragmentos de la arboleda circundante y contribuyendo a la sensación de profundidad. A lo largo de la orilla izquierda, un joven se inclina sobre el agua, su figura parcialmente oculta entre los juncos y rocas. Su postura sugiere una actitud de observación o incluso de melancolía, como si estuviera absorto en sus pensamientos.
En contraste con esta quietud, a la derecha del estanque, dos figuras humanas se destacan. Una mujer, vestida con un manto blanco y rojo, parece estar observando al joven que está junto al agua. Su expresión es difícil de interpretar; podría ser curiosidad, compasión o incluso una mezcla de ambas emociones. Junto a ella, un hombre desnudo se gira hacia atrás, su cuerpo iluminado por la luz tenue. La disposición de sus figuras sugiere una relación compleja y ambigua, posiblemente relacionada con el mito que subyace a la obra.
La arboleda, representada con gran detalle en la parte central del cuadro, domina visualmente la composición. Sus ramas se entrelazan sobre el estanque, creando un marco natural que delimita la escena. La presencia de ovejas pastando en la colina distante añade una nota bucólica y refuerza el carácter pastoril del paisaje.
El autor ha empleado una técnica pictórica que enfatiza la atmósfera y la luz, más que los detalles precisos. Los contornos se difuminan, las sombras son profundas y los colores son ricos y terrosos. Esta estética contribuye a crear un ambiente de misterio e introspección.
Subyacente a la representación literal de la escena, parece existir una narrativa mitológica que alude a temas como el amor no correspondido, la transformación y la búsqueda de la identidad. La presencia de las figuras humanas en este entorno natural sugiere una reflexión sobre la condición humana y su relación con el mundo que le rodea. El estanque, símbolo de pureza y renovación, podría representar también un espacio liminal entre lo consciente y lo inconsciente, donde los deseos y las emociones se revelan. En definitiva, la pintura invita a la contemplación y a la interpretación personal, dejando al espectador la tarea de desentrañar el significado oculto tras la aparente sencillez del paisaje.