Mauritshuis – Jan van de Velde III - Still life with Passglas
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
Un alto vaso cilíndrico domina la escena; su contenido, un líquido rojizo, se revela a través de las paredes traslúcidas, sugiriendo una bebida o quizás un pigmento artístico. La transparencia del vidrio permite apreciar la profundidad y el juego de luces que se refractan en su interior. A su lado, un recipiente más oscuro, posiblemente de cerámica o metal bruñido, añade contraste cromático y forma.
En primer plano, sobre la misma superficie, se distribuyen fragmentos de lo que parecen ser restos de una comida o preparación: conchas marinas, trozos de fruta descompuesta, azúcar en cubos y un pequeño recipiente con polvo fino. La presencia de estos elementos deteriorados introduce una nota de transitoriedad y decadencia, contrastando con la aparente pulcritud del vaso y el recipiente. Dos palillos de madera se cruzan sobre los restos, como si hubieran sido abandonados apresuradamente.
La oscuridad que envuelve la composición es fundamental para su efecto general. No solo sirve para aislar los objetos representados, sino también para crear una atmósfera de misterio e introspección. La ausencia de un fondo definido intensifica el foco en los detalles y sugiere una reflexión sobre la fragilidad de lo material y la inevitabilidad del paso del tiempo.
La disposición aparentemente aleatoria de los elementos invita a una lectura simbólica. Podría interpretarse como una alegoría de la vanitas, un tema recurrente en la pintura holandesa del siglo XVII que enfatiza la fugacidad de la vida y la importancia de la reflexión espiritual. La combinación de objetos lujosos (el vaso) con restos perecederos (la fruta descompuesta) refuerza esta idea de contraste entre lo efímero y lo eterno. El polvo fino, posiblemente tabaco o especias, podría aludir a los placeres sensoriales que también son transitorios. En definitiva, la pintura invita a contemplar la belleza en la impermanencia y a reflexionar sobre el significado de la existencia.