Mauritshuis – Johan van Haensbergen - Still Life with a Wicker Jug
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Aquí se observa una composición de naturaleza muerta que se desarrolla sobre un reposo elevado, delimitado por una arquitectura oscura y arqueada en la parte superior. La iluminación es teatral, concentrada en los objetos del primer plano y creando fuertes contrastes con las zonas sumidas en la penumbra.
El foco principal recae sobre un pájaro desplumado, situado centralmente sobre una superficie cubierta de tela arrugada. Su posición sugiere vulnerabilidad y despojo, elementos que invitan a reflexiones sobre la fragilidad de la vida y el paso del tiempo. A su lado, una calabaza anaranjada aporta un contrapunto cromático, aunque su apariencia ligeramente mustia refuerza la temática de la decadencia.
En el plano posterior, se distingue una canasta de mimbre rebosante de objetos diversos: lo que parecen ser frutas, posiblemente uvas o higos, junto con otros recipientes y utensilios domésticos. La acumulación de estos elementos genera una sensación de abundancia, pero también de desorden y transitoriedad. Un jarrón de metal, pulido y brillante, se alza a la izquierda, reflejando la luz y añadiendo un elemento de opulencia que contrasta con la crudeza del pájaro desplumado.
La tela sobre la que descansa el pájaro y la calabaza está meticulosamente representada, con sus pliegues y sombras cuidadosamente estudiados para crear una sensación de volumen y realismo. Esta atención al detalle es característica de las naturalezas muertas holandesas del siglo XVII, donde se buscaba emular la perfección de la naturaleza a través de la técnica pictórica.
Más allá de la mera representación de objetos cotidianos, esta pintura parece sugerir una meditación sobre la vanidad de los placeres terrenales y la inevitabilidad de la muerte. El pájaro desplumado puede interpretarse como un memento mori, un recordatorio de la fugacidad de la existencia humana. La combinación de elementos ricos y decadentes, junto con la iluminación dramática, contribuye a crear una atmósfera melancólica y contemplativa que invita al espectador a reflexionar sobre el significado de la vida y la muerte. El uso del espacio arquitectónico enmarcando la escena refuerza esta sensación de introspección, como si se tratara de un escenario teatral donde se representa una lección moral.