Mauritshuis – Bartholomäus Bruyn the Elder - Portrait of Elisabeth Bellinghausen (c.1520- after 1570)
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El fondo, de un azul profundo y uniforme, crea un contraste que resalta la luminosidad de la piel y los colores del atuendo. La iluminación, proveniente presumiblemente de la izquierda, modela sutilmente el rostro y las manos, acentuando su textura y volúmenes.
La vestimenta es rica en detalles y revela una posición social acomodada. Se distingue un corpiño oscuro, posiblemente de terciopelo, adornado con un cuello alto que deja entrever un forro dorado. Un cinturón ancho, también dorado, marca la cintura y se abre para revelar una camisa o jubón de tela clara, ricamente bordado. La cabeza está cubierta por un tocado elaborado, compuesto por una especie de turbante o velo adornado con pliegues y detalles en colores cálidos: amarillo, rojo y blanco.
En su mano izquierda, la retratada sostiene una pequeña flor, posiblemente una violeta. Este detalle es significativo; las violetas a menudo simbolizan modestia, lealtad y amor fiel. Su presencia podría aludir a virtudes personales de la mujer representada o incluso a un mensaje codificado dirigido a alguien específico.
Las manos, cuidadosamente representadas, exhiben anillos que confirman su estatus económico. La pose de las manos es deliberada; una transmite el gesto de sostener la flor, mientras que la otra descansa sobre lo que parece ser una superficie elevada, quizás un mueble o un repisa.
El autor ha logrado capturar no solo la apariencia física de la retratada, sino también una impresión de su carácter y posición social. La composición es equilibrada y armoniosa, con una atención meticulosa a los detalles que sugieren un encargo importante y una intención de crear un retrato perdurable. Se intuye una atmósfera de seriedad y dignidad, propia del ideal renacentista de la belleza y el refinamiento.