Mauritshuis – Cornelis Troost - The Wedding of Kloris and Roosje
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En el frente, una pareja joven es el centro de atención. La mujer, ataviada con un vestido rosa pálido y un sombrero adornado, parece estar dando un paso hacia adelante en una danza. El hombre, vestido con un traje oscuro, la guía con gracia, sosteniendo lo que parece ser un pañuelo o una servilleta que utiliza para marcar el ritmo de la música. Sus expresiones son alegres y despreocupadas, transmitiendo una sensación de júbilo compartido.
A su alrededor, se despliega un grupo heterogéneo de personajes. Una mesa ricamente adornada con comida y bebida sirve como punto focal para muchos de los invitados. Se aprecian rostros diversos: algunos ríen abiertamente, otros observan la pareja danzante con curiosidad o afecto, mientras que otros parecen absortos en su propia conversación. La presencia de un hombre mayor, con una expresión exagerada y aparentemente embriagado, añade un toque de humor a la composición.
En el extremo izquierdo, sobre una plataforma improvisada, un músico interpreta melodías con un violín. Su postura y vestimenta sugieren una cierta formalidad, aunque su rostro muestra concentración en su tarea. La luz que incide sobre él crea un contraste interesante con las áreas más oscuras de la escena.
El fondo, aunque menos detallado, proporciona contexto a la celebración. Se intuyen edificios rurales, posiblemente graneros o viviendas campesinas, y una extensión de agua que sugiere proximidad al mar o a un lago. La vegetación exuberante enmarca la escena, creando una atmósfera bucólica y festiva.
La composición general transmite una sensación de abundancia, alegría y comunidad. El artista parece haber querido capturar un momento de felicidad genuina, celebrando no solo la unión de la pareja central, sino también el espíritu de camaradería y celebración que une a los presentes. La disposición de las figuras y la iluminación contribuyen a crear una atmósfera dinámica y vibrante, invitando al espectador a participar en la festividad. Se percibe un sutil juego entre la formalidad del evento (la música, la mesa) y la espontaneidad de la celebración (el baile, las expresiones faciales). La escena evoca una época de prosperidad y optimismo, donde los placeres simples de la vida son celebrados con entusiasmo.