Mauritshuis – Cornelis Troost - ’Nemo Loquebatur’ (’No one was speaking’)
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Aquí se observa una escena de interiores que transcurre en un salón ricamente decorado. La iluminación tenue y la paleta cromática dominada por tonos ocres y marrones contribuyen a una atmósfera de recogimiento e intimidad. El espacio está definido por una arquitectura clásica, con molduras ornamentadas en el techo y una chimenea imponente que ocupa una parte significativa del fondo.
El foco central de la composición recae sobre un grupo de hombres reunidos alrededor de una mesa larga, dispuesta longitudinalmente en el centro del salón. Sus vestimentas, elaboradas y ostentosas, sugieren un estatus social elevado. La disposición de los personajes es informal; algunos están sentados, otros de pie, creando una sensación de espontaneidad, aunque la formalidad del entorno contrasta con esta aparente casualidad. Se percibe una tensión palpable en el aire: las posturas son tensas, algunas miradas esquivas o ausentes, y la ausencia de diálogo explícito es notable.
A la izquierda, una mujer vestida con un elegante vestido se encuentra parcialmente oculta tras una columna, observando la escena con una expresión indescifrable. Su presencia introduce un elemento femenino en un espacio predominantemente masculino, aunque su rol parece más bien el de espectadora que participante activa. La figura a su lado, con un gesto de preocupación o curiosidad, refuerza esta impresión de observación distante.
En el extremo derecho, un hombre se encuentra junto al fuego, aparentemente ajeno a la conversación principal. Su postura relajada y su actitud despreocupada contrastan con la formalidad del resto de los presentes, sugiriendo quizás una crítica sutil a las convenciones sociales o una búsqueda de refugio en la sencillez.
La chimenea, como elemento arquitectónico dominante, no solo proporciona calor sino que también actúa como un punto focal visual y simbólico. La escultura sobre ella, con su pose solemne, podría interpretarse como una representación de la virtud o el conocimiento, contrastando con la aparente falta de comunicación entre los presentes.
La pintura sugiere una reflexión sobre las dinámicas sociales, la hipocresía y la dificultad de la comunicación genuina en entornos formales. La ausencia de diálogo explícito, el título alusivo (Nadie hablaba), y las miradas evasivas invitan a la interpretación del subtexto: un comentario sutil sobre la superficialidad de las relaciones sociales y la incomunicación que puede existir incluso entre personas con intereses comunes. El artista parece interesado en capturar no tanto lo que se dice, sino lo que no se dice, el silencio cargado de significado que subyace a las apariencias.