Michelangelo Buonarroti – Jeremiah
Ubicación: Vatican Museums (fresco) (Musei Vaticani (murales)), Vatican.
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En esta representación se observa a un hombre anciano sentado sobre una estructura arquitectónica que sugiere un nicho o asiento elevado. La figura domina el espacio central con su volumen y musculatura pronunciada, aunque atenuada por la edad. Su piel presenta una tonalidad oscura, casi ébano, contrastando fuertemente con las vestimentas de tonos ocres y rojizos que viste.
El personaje se encuentra en una postura introspectiva: inclinado hacia adelante, apoya el codo sobre la rodilla izquierda y la mano bajo el mentón, un gesto que denota meditación profunda o pesar. Su mirada está dirigida hacia abajo, sumido en sus pensamientos. Una larga barba blanca le cubre gran parte del rostro, acentuando su aspecto de profeta o figura sabia.
En el fondo, a la derecha, se vislumbra una figura femenina joven y pálida, casi translúcida, que observa al anciano con cierta inquietud o preocupación. Su presencia parece enfatizar la soledad y el aislamiento del personaje principal. En la parte inferior de la composición, fragmentos de otras figuras sugieren un contexto más amplio, aunque su significado preciso permanece ambiguo.
La estructura arquitectónica que sirve de soporte a la figura se caracteriza por elementos clásicos –pilastras, arcos–, pero está representada de forma incompleta o esquemática, lo cual podría simbolizar la fragilidad del mundo terrenal o la inestabilidad de las instituciones humanas. La inscripción “HIEREMIAS” en una cartela inferior sugiere que el personaje retratado es una figura bíblica asociada con la profecía y el sufrimiento.
La intensidad emocional transmitida por la postura, la expresión facial y la paleta cromática utilizada sugieren un estado de angustia o desesperación. La oscuridad del tono de piel, inusual en las representaciones tradicionales de figuras bíblicas, podría interpretarse como una metáfora visual del dolor, el exilio o la marginación. El contraste entre la figura anciana y la joven femenina puede aludir a la tensión entre la sabiduría ancestral y la inocencia perdida, o entre la experiencia y la esperanza.