National Gallery of Art – Duccio di Buoninsegna - The Nativity with the Prophets Isaiah and Ezekiel
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En el panel central, la escena principal ocupa el lugar preponderante: una representación del nacimiento. La Virgen María, vestida con túnicas de intenso azul, se encuentra reclinada sobre un lecho sencillo, sosteniendo al Niño Jesús en sus brazos. El niño, pequeño y delicado, es el foco inmediato de atención. Alrededor de ellos, se agrupa una multitud de figuras humanas: pastores, ancianos, niños, todos observando la escena con expresiones de reverencia y asombro. La arquitectura que sirve de marco a este acontecimiento es modesta, un establo rústico, pero el espacio está iluminado por una luz dorada que enfatiza su importancia espiritual. La estrella brillante en lo alto del panel central actúa como un faro celestial, guiando la mirada hacia el evento sagrado.
Los paneles laterales presentan dos figuras ancianas, de aspecto venerable y porte solemne. Ambas están ataviadas con ropajes ricos y amplios, que sugieren su importancia y sabiduría. Una de ellas sostiene lo que parecen ser pergaminos o tablillas, posiblemente profecías o escrituras sagradas. La otra figura se inclina ligeramente hacia adelante, como si estuviera ofreciendo una bendición o un saludo respetuoso. El fondo dorado detrás de estas figuras contribuye a su aura de santidad y trascendencia.
La paleta cromática es rica y vibrante, dominada por el azul intenso de la Virgen, el rojo terroso de las túnicas de los ancianos y el oro brillante del fondo. El uso del color no solo sirve para embellecer la composición, sino también para transmitir un significado simbólico: el azul representa la divinidad y la pureza de María; el rojo simboliza la pasión y el sacrificio; y el oro evoca la luz celestial y la riqueza espiritual.
En cuanto a los subtextos, se puede inferir una intención didáctica por parte del artista. La representación del nacimiento no es simplemente un relato histórico, sino una invitación a la contemplación y la reflexión sobre el misterio de la encarnación. La presencia de las figuras ancianas sugiere una conexión entre el evento presente y el pasado profético, estableciendo así un vínculo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La multitud de personajes que observan la escena puede interpretarse como una representación de toda la humanidad, invitada a participar en la salvación ofrecida por Cristo. La composición general transmite una sensación de armonía, equilibrio y devoción religiosa, buscando inspirar al espectador a la fe y la esperanza.