National Gallery of Art – American 19th Century - Flowers and Fruit
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
El arreglo floral domina la escena. Se distinguen diversas especies: tulipanes anaranjados, flores blancas de aspecto delicado, amapolas en tonos ocres y un azul intenso que contrasta con el resto de la paleta cromática. Las hojas, abundantemente representadas, contribuyen a la sensación de opulencia y vitalidad. La composición floral no es simétrica; se eleva hacia arriba, creando una dinámica visual ascendente.
En la parte inferior, sobre la mesa, encontramos una selección de frutas: uvas moradas en racimos generosos, peras de piel lisa y colorida, y cítricos –naranjas y limones– que aportan un toque de frescura. La disposición de las frutas es aparentemente casual, pero contribuye a la sensación de abundancia y riqueza.
La mesa misma, con su cubierta rayada, introduce una nota de domesticidad y cotidianidad. El tejido parece tener una textura palpable, casi como si se pudiera tocar. El autor ha prestado gran atención al detalle en la representación de las superficies: el brillo ceroso de los frutos, la tersura de las flores, la rugosidad del tejido.
Más allá de la mera descripción botánica y frutal, esta pintura sugiere una reflexión sobre la transitoriedad de la belleza y la abundancia. Las flores, por su naturaleza efímera, simbolizan la fugacidad de la vida y el paso del tiempo. La profusión de frutos puede interpretarse como un símbolo de prosperidad y fertilidad, pero también como una alusión a la decadencia inevitable que acompaña a toda forma de riqueza material. El contraste entre la luz y la oscuridad refuerza esta dualidad: la belleza radiante se presenta en medio de la sombra, recordándonos la fragilidad de lo bello y la inevitabilidad del declive. La composición evoca una atmósfera de quietud contemplativa, invitando al espectador a reflexionar sobre los ciclos naturales de la vida y la muerte.