National Gallery of Art – Jean-Honore Fragonard - The Swing
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La atmósfera general es de despreocupación y frivolidad. El paisaje, aunque idealizado, sugiere un entorno natural salvaje, contrastando con la artificialidad del jardín y el atuendo refinado de los personajes. La mujer en la hamaca, vestida con una elaborada túnica rosa, irradia alegría y coquetería. Su movimiento, impulsado por el balanceo, es ligero y gracioso.
En la base de la escena, un grupo de hombres observa la acción desde una posición más baja. Uno de ellos, vestido de rojo, se encuentra parcialmente oculto en las sombras, su mirada fija en la mujer que se balancea. La expresión en sus rostros es ambigua; hay una mezcla de diversión, deseo y quizás incluso complicidad. Otro hombre, sentado sobre un banco, parece estar participando en una conversación discreta con otro personaje a su lado.
El cielo, ocupando una parte significativa del lienzo, está dominado por nubes algodonosas que se desplazan lentamente. La luz que filtran crea un juego de sombras y reflejos sobre el follaje y las figuras, contribuyendo a la sensación de movimiento y dinamismo.
Subyacente a esta escena aparentemente idílica, se percibe una tensión latente. El acto de balancearse puede interpretarse como una metáfora del vaivén de los placeres efímeros y las relaciones fugaces. La mirada furtiva del hombre vestido de rojo sugiere un juego de seducción y engaño, propio de la moralidad relajada de la época. La disposición de los personajes, con el observador en una posición inferior a la mujer que se balancea, alude a una dinámica de poder sutil pero presente. El paisaje, aunque bello, también puede interpretarse como un telón de fondo para una aventura amorosa secreta. En definitiva, la pintura captura un momento de placer transitorio y desenfreno, con una insinuación de secretos ocultos bajo la superficie de la aparente inocencia.