Part 2 National Gallery UK – David de Coninck - Dead Birds and Game with Gun Dogs and a Little Owl
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En primer plano, un grupo de aves – patos, perdices y otras especies no fácilmente identificables – yacen sobre el tronco, algunas con sus colores vibrantes aún intactos, mientras que otras muestran signos de haber sido recientemente cazadas. A su lado, se encuentra una cesta de mimbre rebosante de más aves, sugiriendo una abundante captura. La disposición de las aves es deliberada; no parecen caídas al azar, sino colocadas para resaltar la abundancia y el éxito de la cacería.
Los perros ocupan un lugar central en la composición. Un perro de caza, con pelaje blanco y manchas marrones, se presenta como figura dominante, mirando directamente al espectador con una expresión que mezcla alerta y expectación. Otro perro, más pequeño y de color marrón, descansa sobre el tronco, mostrando una actitud más relajada. La presencia de estos animales no es meramente decorativa; son elementos esenciales en la narrativa de la cacería, representando la habilidad y la lealtad del cazador.
En un segundo plano, se aprecia una pequeña lechuza posada sobre una columna rústica, añadiendo un elemento de misterio y simbolismo a la escena. La lechuza, tradicionalmente asociada con la sabiduría y la visión nocturna, podría interpretarse como un observador silencioso del evento que se desarrolla. El cielo crepuscular, con sus tonalidades rosadas y grises, sugiere el final del día y refuerza la atmósfera melancólica de la obra.
Más allá de la representación literal de una cacería exitosa, esta pintura parece explorar temas relacionados con la abundancia, la naturaleza efímera de la vida y la relación entre el hombre y el mundo natural. La yuxtaposición de la belleza de las aves con su muerte inminente invita a la reflexión sobre la fragilidad de la existencia y el ciclo constante de la vida y la muerte. La meticulosa atención al detalle en la representación de los animales, tanto vivos como muertos, sugiere una profunda admiración por la naturaleza y un respeto por sus leyes implacables. La escena evoca una sensación de quietud y contemplación, invitando al espectador a considerar el significado más profundo del evento que se representa.