Part 4 National Gallery UK – Jacopo di Cione and workshop - Seraphim, Cherubim and Adoring Angels
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En primer plano, observamos a tres figuras femeninas, presumiblemente ángeles, con expresiones serenas y una devoción palpable. Sus rostros, delicadamente modelados, irradian una quietud espiritual. La primera figura viste un manto verde oliva que contrasta con la palidez de su tez; sostiene en sus manos lo que parece ser un pequeño plato o recipiente. La segunda, ataviada con una túnica blanca impoluta, extiende sus brazos en un gesto de adoración. La tercera ángel, con cabellos rojizos y vestimenta similar a la anterior, también eleva sus manos en señal de reverencia, sosteniendo un objeto pequeño y dorado.
Detrás de estas figuras frontales, se distinguen otros ángeles, algunos con alas extendidas que exhiben una paleta cromática vibrante: rojo intenso y azul profundo. Estos ángeles parecen formar parte de una jerarquía celestial, con los más cercanos al punto focal superior mostrando un mayor grado de exaltación. Se percibe una disposición casi simétrica en la colocación de las figuras, aunque se rompe ligeramente por la posición de algunos ángeles que aportan dinamismo a la composición.
La pintura exhibe una marcada linealidad y una atención meticulosa al detalle en los pliegues de las vestimentas y en la representación de los rostros. El uso del dorado, tanto en el halo que rodea las cabezas de los ángeles como en detalles decorativos, enfatiza su naturaleza divina y refuerza la sensación de trascendencia espiritual.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la adoración celestial, la devoción religiosa y la conexión entre lo terrenal y lo divino. La disposición vertical de las figuras sugiere una ascensión espiritual, un viaje hacia la divinidad. La serenidad en los rostros de los ángeles transmite una sensación de paz interior y contemplación. El gesto de ofrecer o sostener objetos podría simbolizar ofrendas a Dios o la presentación de almas redimidas. La paleta cromática, con sus contrastes entre colores cálidos y fríos, contribuye a crear una atmósfera mística y evocadora. La composición, aunque formal, transmite un sentimiento de íntima conexión espiritual.