Jacopo Tintoretto – The Origin of the Milky Way Part 4 National Gallery UK
Part 4 National Gallery UK – Jacopo Tintoretto - The Origin of the Milky Way
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Vemos una lectura artística del mito. Júpiter anhelaba que su hijo fuera inmortal. El niño le nació de una mujer común y corriente. Para que el bebé viviera eternamente, debía ser apretado contra el exuberante seno de la propia diosa Juno. Su leche milagrosa iba a otorgar la inmortalidad. Juno fue tomada por sorpresa y retrocedió involuntariamente. De repente, la leche salpicó todo. El resultado fue la conocida Vía Láctea. La composición del cuadro es increíblemente reverente.
Descripción del cuadro de Tintoretto El origen de la Vía Láctea
Vemos una lectura artística del mito. Júpiter anhelaba que su hijo fuera inmortal. El niño le nació de una mujer común y corriente. Para que el bebé viviera eternamente, debía ser apretado contra el exuberante seno de la propia diosa Juno. Su leche milagrosa iba a otorgar la inmortalidad. Juno fue tomada por sorpresa y retrocedió involuntariamente. De repente, la leche salpicó todo. El resultado fue la conocida Vía Láctea.
La composición del cuadro es increíblemente reverente. Se basa en el colorido contraste entre la doncella que Júpiter ha enviado a Juno y la diosa. La criada se entromete desde algún lugar fuera del espacio de este cuadro. El exuberante cuerpo de Juno está pintado con especial cariño. Impresiona por sus formas y el delicado color de su piel.
El vuelo de la doncella es agudo, mientras que los movimientos de la diosa son increíblemente suaves. Tal contraste es capaz de cautivar a cualquiera.
En la parte inferior, Tintoretto representa ángeles milagrosos. Tienen varios símbolos que demuestran el amor. Una de estas encantadoras criaturas sostiene una red. Lo más probable es que se trate de un símbolo especial de engaño, al que Júpiter recurre involuntariamente para hacer inmortal a su hijo. El águila que se eleva en el fondo siempre ha simbolizado el poder. Los pavos reales de la derecha también están representados por una razón. Eran los compañeros constantes de Hera. El carruaje de la diosa era impulsado por estas magníficas aves.
El derroche de colores es impresionante. El artista representa con habilidad el color. Es tan natural que los personajes parecen vivos. El atuendo de las doncellas y las suntuosas telas sobre las que reposa Juno son un punto brillante. Tintoretto disfruta de los exuberantes colores. Es como si el sol impregnara toda su pintura. Los héroes mitológicos se vuelven lo más vivos posible. Hay una sensación de dinamismo en esta obra. Parece que en un momento todos los personajes cobrarán vida milagrosamente.
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En primer plano, una figura femenina recae sobre un lecho de ropas carmesí y plumas, su cuerpo desnudo iluminado por una luz dorada que resalta la anatomía idealizada. Su expresión es ambigua; no se trata de sufrimiento explícito, sino más bien de una resignación serena ante lo que ocurre. Un hombre musculoso, con un gesto impetuoso, inclina el cuerpo sobre ella, extendiendo su mano hacia arriba como si dispersara partículas luminosas – estrellas, presumiblemente – en la noche. La interacción entre ambos personajes es tensa y dinámica, capturando un instante de transformación o revelación.
El entorno está poblado por una multitud de seres alados: putti que observan con curiosidad, uno sosteniendo un recipiente que parece contener más estrellas, y otras figuras que portan animales simbólicos como un águila y un pavo real. Estos elementos refuerzan la naturaleza divina y alegórica del relato. La presencia de los animales, especialmente el pavo real con su plumaje exuberante, añade una capa de riqueza visual y connotaciones de vanidad o divinidad.
La composición se caracteriza por una marcada diagonalidad que guía la mirada hacia arriba, enfatizando la conexión entre lo terrenal y lo celestial. El uso del claroscuro es notable; las áreas iluminadas contrastan con las sombras profundas, creando un efecto dramático y acentuando el volumen de las figuras. La paleta cromática, rica en tonos dorados, azules y carmesíes, contribuye a la atmósfera grandiosa y mítica de la escena.
Subtextualmente, se puede interpretar esta pintura como una representación del origen de la Vía Láctea, un mito que explica el nacimiento de una constelación. Más allá de la narrativa literal, la obra parece explorar temas universales como el amor, el sacrificio, la divinidad y la creación. La figura femenina podría simbolizar la fertilidad o la naturaleza, mientras que el hombre representa una fuerza cósmica que da origen a nuevas formas de vida o conocimiento. El gesto de dispersar las estrellas sugiere un acto de generosidad divina, pero también puede interpretarse como una pérdida o una transformación dolorosa. En definitiva, la pintura invita a la reflexión sobre los orígenes del universo y el papel de lo humano en el cosmos.