Part 6 National Gallery UK – the workshop of Pieter Coecke van Aalst - The Virgin and Child Enthroned
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El panel central domina visualmente gracias a su mayor tamaño y luminosidad. En él, una figura femenina, ataviada con ropajes azules intensos y un manto rojo, sostiene en su regazo a un niño pequeño. Ambos se encuentran sentados sobre un elaborado trono de piedra, situado frente a un paisaje urbano que se extiende hasta el horizonte. La arquitectura del fondo, con sus torres y edificios detalladamente representados, sugiere una ciudad próspera y ordenada. Un perro, posado a los pies de la Virgen, añade un elemento de cotidianidad a la escena religiosa.
Los paneles laterales presentan figuras masculinas en actitudes contemplativas. A la izquierda, un hombre vestido con indumentaria clerical, incluyendo una mitra elaborada, sostiene un libro abierto y un báculo. Su mirada se dirige hacia abajo, como absorto en la lectura o la oración. A la derecha, otro hombre, ataviado con un atuendo lujoso que incluye una capa bordada y un gorro adornado, observa directamente al espectador. La expresión de su rostro es difícil de interpretar; podría ser curiosidad, sorpresa o incluso una sutil crítica.
La disposición de los personajes y el paisaje sugiere una jerarquía visual y conceptual. La Virgen y el Niño ocupan el lugar central, representando lo sagrado y divino. Las figuras laterales parecen observadores, testigos de la escena principal, posiblemente simbolizando diferentes roles dentro de la sociedad: el religioso, el noble o el gobernante.
La inclusión del perro en el panel central es significativa. En el arte medieval y renacentista, los perros a menudo se asocian con la fidelidad, la lealtad y la vigilancia. Su presencia podría aludir a estas virtudes, reforzando el mensaje de devoción y protección que emana de la Virgen.
El paisaje urbano en el fondo introduce un elemento inusual en una representación religiosa tradicional. Podría interpretarse como una alegoría de la prosperidad terrenal o como una referencia a la ciudad ideal, un lugar de orden y armonía. La meticulosa atención al detalle en la representación arquitectónica sugiere un interés por la precisión y la observación del mundo real, características propias del arte flamenco del siglo XVI.
En general, esta obra presenta una compleja interacción entre lo sagrado y lo profano, lo divino y lo terrenal. A través de la disposición cuidadosa de los personajes, el paisaje y los símbolos, el artista invita a la contemplación sobre temas como la fe, el poder, la virtud y la relación entre el hombre y Dios. La composición tripartita sugiere una estructura narrativa que podría interpretarse como una alegoría del viaje espiritual o un comentario sobre las diferentes esferas de la vida humana.