Charles-Joseph Natoire – Bacchanal
Ubicación: Museum of Fine Arts, Houston.
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El autor ha dispuesto a los personajes en una disposición aparentemente caótica, pero cuidadosamente orquestada para guiar la mirada del espectador. Un hombre, situado como figura central, sostiene una cesta repleta de uvas y hojas de hiedra, símbolos evidentes de Baco, el dios del vino. Su expresión es serena, casi contemplativa, contrastando con la algarabía que lo rodea. A su alrededor, otros personajes se abandonan a los placeres: uno bebe de una copa, otro toca una trompeta, mientras que varios juegan y se abrazan en un torbellino de movimiento.
La presencia de querubines en el cielo superior añade una dimensión celestial a la escena, sugiriendo una conexión entre lo terrenal y lo divino. Uno de ellos, con una corona de hojas, juguetea con una cuerda, creando una sensación de despreocupación y alegría infantil. En un segundo plano, se vislumbra una estatua colosal de un hombre musculoso sobre una estructura arquitectónica, posiblemente aludiendo a la fuerza primordial y el poder que subyacen en esta celebración.
La luz juega un papel crucial en la obra. Un resplandor dorado ilumina las figuras centrales, resaltando su belleza física y enfatizando la atmósfera sensual. Las sombras profundas que se proyectan sobre el follaje crean una sensación de misterio y profundidad, invitando a la imaginación del espectador a explorar los rincones ocultos de este mundo festivo.
Subtextualmente, esta pintura parece explorar temas como la liberación, la embriaguez, la fertilidad y la conexión con la naturaleza. La ausencia de restricciones sociales y morales permite una expresión desinhibida de los deseos humanos, aunque también puede interpretarse como una advertencia sobre los peligros del exceso y la pérdida del control. La yuxtaposición de lo divino (los querubines y la estatua) con lo terrenal (la celebración desenfrenada) sugiere una reflexión sobre la dualidad inherente a la experiencia humana: el conflicto entre la razón y el instinto, la moderación y el placer. La escena evoca un mundo donde los límites se difuminan y las convenciones sociales son suspendidas en favor de una comunión primordial con la tierra y sus frutos.