Vasily Perov – Incorrigible. 1873 H., m. 87, 5h113 GMM
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En primer plano, un hombre joven yace atado, con evidentes signos de violencia: marcas en el cuello y una expresión de dolor intenso. Su torso desnudo expone su vulnerabilidad física, contrastando con la crudeza de sus ataduras. La disposición de sus piernas, parcialmente visibles, sugiere una postura forzada e incómoda.
A su izquierda, otro hombre, vestido con ropas toscas y un gorro que oculta parte de su rostro, se encuentra sentado en el suelo. Su mirada es baja, aparentemente absorta en la miseria que lo rodea o quizás evitando confrontar directamente el sufrimiento del prisionero. En sus manos sostiene una especie de montón de objetos, posiblemente herramientas o elementos relacionados con su oficio, pero que ahora parecen inútiles en este contexto de desesperación.
Finalmente, un tercer hombre se alza detrás de los otros dos. Su postura es tensa, las manos juntas frente a él, como si estuviera rezando o buscando consuelo. La vestimenta, aunque igualmente austera, parece ligeramente más elaborada que la del hombre sentado, sugiriendo quizás una posición social diferente, aunque todos comparten el mismo entorno desolador.
La paleta de colores es dominada por tonos terrosos y oscuros: marrones, grises y negros, que contribuyen a la atmósfera sombría y opresiva. El uso limitado del color rojo en la prenda del hombre atado introduce un elemento de dramatismo y simboliza quizás su sufrimiento o incluso su resistencia.
Más allá de la representación literal de una escena de cautiverio, esta pintura parece explorar temas más profundos relacionados con la injusticia, la desesperación y la condición humana. La presencia de los tres hombres sugiere diferentes respuestas al sufrimiento: el dolor físico del prisionero, la resignación o la indiferencia del hombre sentado, y la búsqueda de consuelo espiritual del que se mantiene en pie. La composición invita a reflexionar sobre las dinámicas de poder, la crueldad humana y la fragilidad de la libertad. El entorno austero y la ausencia de elementos decorativos refuerzan la idea de una realidad despojada de toda esperanza o belleza.