Vasily Perov – Seller singers. (Neokonch.) 1863-64 H., m. 76, 5h102, 5 GTG
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En primer plano, un grupo heterogéneo de personas se agolpa alrededor de una figura central, presumiblemente un vendedor ambulante o cantinero. Este hombre, vestido con ropas sencillas pero limpias, parece estar ofreciendo algo a cambio de dinero, aunque la naturaleza exacta de su mercancía no es evidente. A su alrededor, las reacciones son variadas: algunas mujeres observan con curiosidad y cierta expectación; un niño se aferra a sus faldas, buscando quizás una limosna o un gesto de afecto; otro niño está arrodillado en el suelo, aparentemente desatento al intercambio que tiene lugar. Un hombre mayor, con un sombrero de paja, parece ser el encargado de supervisar la transacción, su rostro marcado por la preocupación y la fatiga.
La composición es cuidadosamente organizada para dirigir la mirada del espectador hacia el centro de la escena. La disposición de las figuras crea una especie de barrera visual que separa al vendedor y a sus clientes del resto del entorno urbano. Esta separación sugiere un aislamiento social, una existencia marginal en los márgenes de la sociedad.
Más allá del plano inmediato, se vislumbran otras figuras: una mujer sentada en el borde de una puerta, con la mirada perdida en la distancia; un hombre con uniforme militar que observa la escena desde lejos, quizás como representante de la autoridad. Estos personajes secundarios contribuyen a crear una atmósfera de incertidumbre y desasosiego.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas relacionados con la pobreza, la desigualdad social y la precariedad de la vida en las ciudades del siglo XIX. La expresión facial de los personajes, sus gestos y su vestimenta sugieren un sentimiento generalizado de desesperanza y resignación. El entorno urbano, con sus edificios altos y estrechos, simboliza la opresión y la falta de oportunidades. El vendedor ambulante, a pesar de su aparente vitalidad, parece ser una víctima más del sistema económico que lo rodea. La escena evoca una reflexión sobre las condiciones de vida de los sectores más desfavorecidos de la sociedad y sobre la fragilidad de la existencia humana. La pintura no ofrece soluciones ni respuestas fáciles; simplemente presenta un retrato realista y conmovedor de una realidad social compleja y dolorosa.