Kuzma Sergeevich Petrov-Vodkin – Fruit on a blue tablecloth. 1921
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La disposición de los elementos parece deliberadamente informal, casi fortuita. Las frutas no están ordenadas en una pirámide o composición simétrica tradicional; más bien, se agrupan de manera aparentemente aleatoria, creando una sensación de espontaneidad. La manzana verde, de tamaño considerable y colocada centralmente, atrae la atención inicial del espectador. A su alrededor, las otras frutas – ciruelas, manzanas amarillas, mandarinas y cerezas– se distribuyen en el espacio, algunas superpuestas a otras, generando una sensación de profundidad limitada pero efectiva.
El mantel azul, con su patrón floral apenas perceptible, actúa como un fondo que intensifica la luminosidad de los frutos. La textura del tejido parece ser lisa, aunque la pincelada sugiere cierta rugosidad y una sutil irregularidad en la superficie. La presencia de una hoja blanca plegada, situada en la parte superior derecha, introduce un elemento adicional de misterio e indeterminación. Su blancura resalta aún más los colores de la fruta y el fondo azulado, pero su función dentro de la composición permanece ambigua; podría interpretarse como un objeto aleatorio o como un símbolo que invita a la reflexión sobre temas como la fragilidad, la transitoriedad o incluso la comunicación interrumpida.
La iluminación es uniforme, sin una fuente de luz claramente definida, lo que contribuye a una atmósfera serena y contemplativa. No hay sombras dramáticas ni reflejos intensos; la luz parece envolver los objetos, suavizando sus contornos y creando una sensación de quietud.
En términos subtextuales, la pintura podría interpretarse como una reflexión sobre la naturaleza efímera de la belleza y el placer sensorial. La fruta, símbolo de abundancia y vitalidad, está presentada en un estado de madurez inminente, sugiriendo su inevitable decadencia. El mantel azul, con su patrón floral que evoca la naturaleza, podría simbolizar la fragilidad del mundo natural frente al paso del tiempo. La hoja blanca, por su parte, introduce una nota de enigma y sugiere la posibilidad de múltiples interpretaciones, invitando al espectador a completar el significado de la obra. La ausencia de figuras humanas o referencias contextuales refuerza la sensación de introspección y universalidad.