After the battle. 1923 Kuzma Sergeevich Petrov-Vodkin (1878-1939)
Kuzma Sergeevich Petrov-Vodkin – After the battle. 1923
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Pintor: Kuzma Sergeevich Petrov-Vodkin
El cuadro de Petrov-Vodkin Después del combate, pintado en 1923, fue un hito importante en la pintura del artista, que marcó una nueva etapa en su búsqueda creativa. Hasta ese momento, todos los cuadros del artista no tenían una referencia temporal concreta y eran inespecíficos. Los personajes de sus cuadros podían situarse en cualquier punto del tiempo, y en todas partes parecían auténticos. "Después de la batalla" es un cuadro con un vínculo claro y concreto con la época representada.
Descripción del cuadro de Kuzma Petrov Vodkin "Después de la batalla".
El cuadro de Petrov-Vodkin Después del combate, pintado en 1923, fue un hito importante en la pintura del artista, que marcó una nueva etapa en su búsqueda creativa. Hasta ese momento, todos los cuadros del artista no tenían una referencia temporal concreta y eran inespecíficos. Los personajes de sus cuadros podían situarse en cualquier punto del tiempo, y en todas partes parecían auténticos.
"Después de la batalla" es un cuadro con un vínculo claro y concreto con la época representada. Al artista no le bastó con representar a tres tristes hombres del Ejército Rojo recordando a su camarada caído. Para reforzar el impacto de su obra, representa un episodio de la batalla en el fondo, que se eleva mentalmente ante los ojos de los héroes. Los hombres del Ejército Rojo ven a su camarada precisamente en el momento de su muerte, y esta visión oscurece la propia batalla. Es como si la muerte quedara impresa en la parte posterior de los párpados de todos los que están alrededor de la mesa; no hay duda de que recordarán lo ocurrido durante mucho tiempo. El recuerdo que ha provocado la reunión de los participantes en torno a la mesa está representado en fríos tonos azules, lo que acentúa aún más el carácter inquietante de lo que está ocurriendo.
En cambio, los afligidos hombres del Ejército Rojo en el primer plano del cuadro están pintados en colores cálidos, con trazos suaves, formando un llamativo contraste con el fondo azul oscuro transparente. No hay odio ni sed de venganza en los rostros de los héroes, sino una cálida tristeza por un compañero de armas que murió tan pronto. Las tristes e inspiradas imágenes de los guerreros sirven para recordar la fragilidad de toda vida. La tetera vacía sobre la mesa subraya el escalofriante vacío en la frontera entre la vida y la muerte, que sin duda sintieron los soldados. Cada uno de ellos se da cuenta de que mañana también podría estar en esa frontera, pero la determinación y la firmeza de sus miradas muestran el deseo de luchar hasta el final, hasta la victoria.
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Al frente, tres individuos destacan: una mujer vestida con ropas sencillas y un pañuelo rojo alrededor del cuello, su rostro refleja una expresión de preocupación o quizás de interrogación dirigida hacia el hombre central. Este último, ataviado con uniforme militar y gorra roja con distintivo estelar, parece ser el foco de atención, aunque su semblante es sombrío y distante. A su derecha, un tercer hombre descansa la cabeza sobre la mano, mostrando una actitud de agotamiento o resignación. Sobre la mesa se aprecian utensilios básicos para comer, sugiriendo una comida frugal y probablemente compartida tras un evento significativo.
La parte superior del cuadro está ocupada por figuras más difusas, casi espectrales, que parecen emerger de la oscuridad. Estas siluetas, vestidas con uniformes militares y portando armas, se proyectan sobre los personajes principales, creando una superposición temporal o espacial. Podrían interpretarse como soldados caídos, recuerdos del combate reciente, o incluso alusiones a las consecuencias invisibles de la guerra. La técnica pictórica difumina sus contornos, otorgándoles un carácter onírico y etéreo.
La paleta cromática es dominada por tonos fríos: azules, grises y ocres apagados. El rojo del pañuelo de la mujer introduce un contraste visual que atrae la atención hacia ella, a la vez que evoca simbolismo relacionado con la revolución o el sacrificio. La iluminación es desigual, concentrándose en los rostros de los personajes principales, lo que acentúa su individualidad y sus estados emocionales.
Más allá de una simple representación de un grupo de personas compartiendo una comida, esta pintura parece explorar temas como el trauma post-bélico, la pérdida, la memoria colectiva y la fragilidad humana frente a la adversidad. La yuxtaposición entre los vivos y los que parecen desvanecerse en la sombra sugiere una reflexión sobre la transitoriedad de la vida y las cicatrices invisibles que deja tras de sí el conflicto armado. El silencio palpable en la escena invita al espectador a contemplar la complejidad de la experiencia humana en tiempos de guerra y reconstrucción.