Rembrandt Harmenszoon Van Rijn – The Slaughtered Ox (attr.)
Ubicación: Kelvingrove Art Gallery and Museum, Glasgow.
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MATADER
El suelo de cemento y la sangre fluye por el desagüe. Las costillas están rotas, los alas cuelgan. Para la vaca, está muerta, como un pez fuera del agua. La luz no le asusta. El infierno tampoco le da miedo. Al alma de la vaca, el infierno no le da ningún temor. ... Hay poder, su luz ámbar y secreta. Hay oraciones, ¿acaso este velo es en vano? El hombre no ve el velo de las oraciones. La sangre negra fluye por el desagüe. El olor a matanza es pesado. Y el carnicero con su delantal se parece a un dios Del panteón del mal. El mal es activo. Y arrancando el hígado con un crujido del cordero, El carnicero lo comerá y estará borracho. Todo está terriblemente pervertido. La injusticia no se puede arrancar, como una mala hierba. El mundo de los mataderos es infernal. Y las chuletas... Dime, ¿realmente te gustan? ¿Con mostaza, con chupeteos? Olvida todos esos textos. Yo ya los he olvidado. ¿Sin mataderos? ¿Cómo entonces? Reconstruye tu conciencia. Come algo diferente. De nuevo llevan a las vacas. Sus ojos son tan mansos... Me da vergüenza esto. ¿Cuánto cuesta para el alma un cuerpo tan fiable como la sangre?
Какое стихотворение правдивое... за душу берет..
No se puede comentar Por qué?
En primer plano, a la izquierda, se distingue la figura de un joven que parece observar la escena con cierta curiosidad o quizás incomodidad. Su presencia introduce una escala humana en el contexto del sacrificio animal, sugiriendo una reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, así como sobre los ciclos vitales y la muerte. La iluminación tenue que lo rodea acentúa su aislamiento dentro de este espacio funcional y sombrío.
En la parte inferior derecha, un perro yacente añade otra capa a la narrativa visual. Su postura inerte podría interpretarse como una metáfora de la inevitabilidad del destino o simplemente como un elemento más en el entorno del matadero, desprovisto de sentimentalismo.
La atmósfera general es densa y opresiva, reforzada por la paleta cromática limitada a tonos terrosos y oscuros. La ausencia casi total de color vibrante contribuye a una sensación de melancolía y fatalidad. El autor parece interesado en explorar temas como la transitoriedad de la existencia, el sacrificio necesario para la supervivencia y la confrontación con la realidad física de la muerte. El espacio arquitectónico, sugerido por las paredes de piedra y los elementos metálicos, se presenta como un escenario impersonal y deshumanizado, donde la vida es reducida a una materia prima. La composición, aunque aparentemente sencilla, invita a una contemplación profunda sobre la condición humana y su lugar en el mundo natural.