Rembrandt Harmenszoon Van Rijn – Joseph und die Frau des Potiphar
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La mujer, vestida con una túnica coral rojiza, se encuentra sentada al borde de una cama opulenta, su rostro marcado por una mezcla de angustia y desesperación. Sus manos están extendidas en un gesto que sugiere súplica o reproche. La luz incide directamente sobre su cara, resaltando la intensidad de sus emociones.
El hombre joven, situado a la izquierda, parece estar rechazando los avances de la mujer. Su postura es defensiva, con el brazo levantado como si intentara apartarla. Su expresión denota sorpresa y quizás cierta incomodidad ante la situación. La vestimenta que lleva, en tonos azules y grises, contrasta con los colores cálidos del resto de la escena.
El tercer hombre, a la derecha, observa la interacción entre los otros dos personajes. Su rostro está parcialmente oculto por una barba tupida y un turbante, pero se percibe una expresión de severidad o juicio. Viste ropas suntuosas, lo que sugiere su posición social elevada. Un objeto rojo, posiblemente un pañuelo o una tela, sobresale de sus vestimentas, atrayendo la atención hacia él.
La cama, cubierta con telas lujosas y parcialmente visible tras una cortina pesada, contribuye a crear una atmósfera de opulencia y misterio. El dormitorio en sí está sugerido más que definido, lo que permite al espectador concentrarse en la interacción entre los personajes.
Subtextualmente, la obra plantea interrogantes sobre el poder, la tentación, la inocencia y la manipulación. La mujer parece estar intentando persuadir o incluso coaccionar al hombre joven, mientras que el tercer personaje actúa como un observador silencioso, posiblemente juzgando sus acciones. El uso de la luz y la sombra intensifica el dramatismo de la escena, sugiriendo una lucha interna entre la virtud y el pecado. La composición, con su disposición triangular de las figuras, crea una sensación de tensión y conflicto que mantiene al espectador en vilo. Se intuye un relato complejo, donde la verdad es ambigua y los motivos de cada personaje permanecen velados.