Portrait of V.I.Repina, the artist’s daughter, in childhood Ilya Repin (1844-1930)
Ilya Repin – Portrait of V.I.Repina, the artist’s daughter, in childhood
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Pintor: Ilya Repin
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
Ilya Repin conoció a su primera mujer, Vera, cuando él tenía diecinueve años y su futura esposa nueve. Se casaron una década después y en este matrimonio nacieron cuatro hijos. La hija mayor también se llamaba Vera; era la favorita del artista. Tras el divorcio de sus padres, la hija, a diferencia de sus vástagos más jóvenes, permaneció con su padre; de adulta trabajó varios años en el Teatro Alexandrinsky y luego se trasladó a la casa de su padre en Finlandia, los Pénats. Existen varios retratos de la hija mayor del artista realizados en distintas épocas, pero el más conocido es sin duda el de la pequeña Vera en el sillón dorado.
Descripción del cuadro de Ilya Repin "Retrato de V.I. Repina, hija del artista".
Ilya Repin conoció a su primera mujer, Vera, cuando él tenía diecinueve años y su futura esposa nueve. Se casaron una década después y en este matrimonio nacieron cuatro hijos. La hija mayor también se llamaba Vera; era la favorita del artista. Tras el divorcio de sus padres, la hija, a diferencia de sus vástagos más jóvenes, permaneció con su padre; de adulta trabajó varios años en el Teatro Alexandrinsky y luego se trasladó a la casa de su padre en Finlandia, los Pénats.
Existen varios retratos de la hija mayor del artista realizados en distintas épocas, pero el más conocido es sin duda el de la pequeña Vera en el sillón dorado. La niña está representada con un sombrero femenino con una flor; si no fuera por el sombrero, ella, con su corte de pelo corto, podría ser fácilmente confundida con un niño. El bonito y concentrado rostro de la niña es muy serio; la niña posa diligentemente para su padre, aparentemente a instancias de éste. Vera tiene en sus manos juguetes, una pelota y un caballito de madera, a los que se aferra con fuerza.
La niña lleva un elegante vestido negro con rayas blancas, mangas y cuello blancos; las medias blancas y los zapatos negros completan la imagen. La niña pulcra y obedientemente vestida con la bata es la imagen misma del "niño ideal". El retrato es fotográficamente preciso; al examinar obras posteriores del artista que muestran el mismo modelo, podemos ver cómo la hija del artista creció y cambió.
A pesar de estar constantemente ocupado, Ilya Efimovich intentaba prestar a sus hijos toda la atención posible. Incluso intentó enseñarles a pintar, pero sólo Vera consiguió dibujar, imitando diligentemente a su padre. La niña se convirtió en una muchacha alegre y enérgica y, según los contemporáneos, era ella el alma de la familia Repin. Sólo con ella Ilya Efimovich podía hablar de igual a igual, como un adulto.
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En este óleo, el autor presenta a una niña sentada en un sillón ricamente decorado. La figura central es una pequeña de corta edad, vestida con un atuendo que combina elementos formales e infantiles: un vestido oscuro con tirantes y una blusa blanca visible bajo éste. Un sombrero adorna su cabeza, completando la imagen de una niña perteneciente a un estrato social elevado.
La mirada de la infanta es directa al espectador; sin embargo, no transmite alegría o vivacidad, sino más bien una cierta introspección, incluso melancolía. Sostiene en sus manos un objeto oscuro y redondo que parece ser una fruta o quizás un juguete, pero su atención se centra internamente.
El fondo de la composición es difuso y sombrío, lo que acentúa el protagonismo de la niña y del sillón. La paleta cromática es contenida, dominada por tonos oscuros y terrosos, con toques de blanco en la blusa y detalles sutiles en el sombrero. El tratamiento de la luz es suave, creando un ambiente íntimo y recogido.
El sillón, con su tapizado dorado y ornamentación elaborada, sugiere prosperidad y estatus social. No obstante, contrasta notablemente con la sencillez del atuendo infantil y la expresión serena pero reservada de la niña. Esta yuxtaposición podría interpretarse como una reflexión sobre las expectativas sociales impuestas a los niños de familias acomodadas, o quizás como un indicio de la carga emocional que conlleva el privilegio.
La pincelada es suelta y expresiva, especialmente visible en el fondo y en la vestimenta, lo que aporta dinamismo a la obra y sugiere una cierta inmediatez. La composición se centra en la figura de la niña, pero los elementos circundantes –el sillón, el sombrero, el objeto que sostiene– contribuyen a construir un retrato complejo y evocador, más allá de una simple representación física. Se percibe una atmósfera de quietud y contemplación, invitando al espectador a reflexionar sobre la infancia, la identidad y las relaciones familiares.