Peter Paul Rubens – Saint Jerome
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En esta composición pictórica, observamos a un anciano de aspecto venerable, sentado sobre una roca y absorto en la lectura de un volumen abierto. Su rostro, marcado por profundas arrugas que testimonian el paso del tiempo y una vida dedicada al estudio, irradia una mezcla de concentración y melancolía. La barba blanca, abundante y desordenada, acentúa su aspecto ascético y su conexión con la sabiduría ancestral.
El hombre viste un manto rojo intenso que contrasta fuertemente con la palidez de su piel desnuda en el torso y los brazos. Este contraste cromático no solo atrae la atención sobre su figura, sino que también sugiere una dualidad entre la pasión terrenal (el color rojo) y la pureza espiritual (la piel expuesta). La tela del manto cae abundantemente, creando un juego de luces y sombras que modelan su cuerpo y le confieren volumen.
A sus pies, reposa plácidamente un león, aparentemente domesticado o indiferente a la presencia humana. Esta imagen evoca una narrativa de protección divina y la capacidad de dominar los instintos más salvajes mediante la fe y el conocimiento. La proximidad del león sugiere también una relación de confianza y respeto mutuo, simbolizando quizás la armonía entre lo espiritual y lo natural.
En primer plano, sobre un libro abierto, descansa un cráneo humano. Este memento mori introduce una reflexión sobre la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte, invitando a la contemplación del destino final del hombre. La presencia del cráneo se vincula directamente con el acto de lectura, sugiriendo que el conocimiento y la sabiduría son herramientas para comprender mejor la existencia y prepararse para la trascendencia.
El fondo está dominado por una densa vegetación y un paisaje montañoso brumoso. La atmósfera es opresiva, casi claustrofóbica, lo que acentúa la sensación de aislamiento y retiro del mundo. La luz tenue que ilumina la escena proviene de una fuente no visible, creando un ambiente misterioso y contemplativo.
En conjunto, la pintura transmite una profunda reflexión sobre la vida, la muerte, la fe y el conocimiento. El artista ha logrado crear una atmósfera de recogimiento y solemnidad, invitando al espectador a meditar sobre los grandes temas de la existencia humana. La composición es equilibrada y armoniosa, con un uso magistral del claroscuro que realza la expresividad de las figuras y contribuye a la intensidad emocional de la obra.