Dawn in the steppe. 1852 Alexey Kondratievich Savrasov (1830-1897)
Alexey Kondratievich Savrasov – Dawn in the steppe. 1852
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Pintor: Alexey Kondratievich Savrasov
Alexei Savrasov descubrió muy pronto su aptitud para la pintura. Los críticos destacaron la extrema vitalidad de la obra del joven, aunque consideraron que algunas de ellas eran algo torpes. Pero el artista progresó rápidamente en su trabajo, y a los veinticuatro años, cuando dejó la escuela, se le concedió el título de académico. A pesar de que en su juventud Savrasov viajó mucho, la gran mayoría de sus paisajes representan extensiones nativas, rusas.
Descripción del cuadro de Alexei Savrasov "Amanecer en la estepa".
Alexei Savrasov descubrió muy pronto su aptitud para la pintura. Los críticos destacaron la extrema vitalidad de la obra del joven, aunque consideraron que algunas de ellas eran algo torpes. Pero el artista progresó rápidamente en su trabajo, y a los veinticuatro años, cuando dejó la escuela, se le concedió el título de académico. A pesar de que en su juventud Savrasov viajó mucho, la gran mayoría de sus paisajes representan extensiones nativas, rusas. El artista siempre pintó la naturaleza de forma exaltada, idealizando incluso sus manifestaciones más bien antiestéticas.
Pintó el lienzo "Amanecer en la estepa" durante su viaje a Ucrania. A Savrasov le impresionó la infinidad de las extensiones de la estepa, y en sus obras de la época trató de transmitir esta sensación de libertad y la increíble apertura del paisaje que tenía ante sí. El romanticismo verdaderamente poético de este cuadro crea un estado de ánimo edificante y alegre.
La naturaleza está despertando de su letargo; el cielo se tiñe primero de carmesí brillante, carmesí y naranja, y luego de tonos rosados, suavemente dorados y lilas pálidos. Los colores suaves y el tono translúcido transmiten perfectamente el ambiente aireado de la madrugada; el cielo parece radiante y festivo. La mañana, que aparece en el horizonte, aclara poco a poco los colores negros, destruye las sombras; la estepa se despierta y se abre hacia el sol y el calor del verano. En este cuadro el artista ha recurrido a uno de sus motivos favoritos: la representación de un cielo al amanecer o al atardecer con la ayuda de los colores del arco iris, con transiciones ricas y poderosas; pero en la interpretación de Alexey Kondatievich estos colores parecen absolutamente naturales y no parecen excesivamente brillantes.
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En primer plano, se extiende una vegetación baja y oscura, delineada con pinceladas rápidas y expresivas. La ausencia casi total de detalles en esta zona crea una sensación de profundidad y misterio, sugiriendo la inmensidad del paisaje. La línea del horizonte es irregular, marcada por pequeños montículos y grupos arbustivos que impiden una visión clara de lo que se encuentra más allá.
El autor ha empleado una paleta de colores limitada, centrada en tonos terrosos, ocres, dorados y azules apagados. Esta elección contribuye a la atmósfera melancólica y contemplativa de la escena. La pincelada es suelta y visible, otorgando a la obra una textura palpable y un carácter impresionista incipiente.
Más allá de la mera representación de un paisaje, esta pintura parece explorar temas relacionados con la vastedad, la soledad y el paso del tiempo. La llanura se convierte en un símbolo de lo infinito, mientras que la luz naciente puede interpretarse como una metáfora de la esperanza o el renacimiento. La ausencia de figuras humanas refuerza la sensación de aislamiento y enfatiza la escala monumental del entorno natural. Se intuye una reflexión sobre la condición humana frente a la inmensidad de la naturaleza, un sentimiento de pequeñez y vulnerabilidad ante fuerzas superiores. La atmósfera general invita a la introspección y a la contemplación silenciosa.