Valentin Serov – Colts at Watering. Domotkanovo. 1904
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La escena presentada muestra un paisaje invernal dominado por la nieve y una luz crepuscular tenue. En primer plano, se observan dos caballos jóvenes, potros presumiblemente, en medio de un campo cubierto completamente de blanco. Uno de los animales está inclinado, bebiendo o buscando alimento bajo la capa nevada; el otro permanece de pie, con la cabeza baja y una postura que sugiere cansancio o resignación.
El fondo lo ocupa una estructura rústica, posiblemente un cobertizo o establo, cuya forma se define vagamente por las sombras y la acumulación de nieve en su techo. La construcción transmite una sensación de aislamiento y modestia.
La paleta cromática es restringida, con predominio de tonos fríos: blancos, grises y marrones oscuros. El cielo presenta un degradado sutil que sugiere el atardecer o el amanecer, aunque la luz es escasa y no aporta calidez a la composición. La pincelada es suelta y expresiva, enfatizando la textura de la nieve y la atmósfera melancólica del entorno.
La ausencia de figuras humanas y la simplicidad de los elementos sugieren una reflexión sobre la vida rural, la dureza del invierno y la conexión entre los animales y la naturaleza. Los caballos, en su estado vulnerable, podrían interpretarse como símbolos de resistencia frente a las adversidades o como representaciones de la fragilidad de la existencia. La estructura rústica, por su parte, evoca una sensación de refugio precario y la lucha por la supervivencia en un ambiente hostil.
La pintura no se centra en detalles precisos ni en una narrativa explícita; más bien, busca transmitir una atmósfera emocional a través del uso del color, la luz y la composición. La quietud de la escena y la falta de dinamismo refuerzan la sensación de soledad y contemplación. Se percibe un cierto dramatismo implícito en la representación de estos animales expuestos al frío y la oscuridad, invitando al espectador a reflexionar sobre su destino y su relación con el mundo natural.