Ivan Ivanovich Shishkin – fern. 1886 23, 4h33, 2
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El artista ha prestado especial atención al detalle en la representación de los troncos, mostrando su textura rugosa y las irregularidades de la corteza con una meticulosidad considerable. Los tocones de árboles cortados se encuentran dispersos por el suelo, introduciendo un elemento de perturbación y sugiriendo una intervención humana en este espacio natural. La perspectiva es clara, aunque no directa; los troncos disminuyen progresivamente en tamaño a medida que se alejan, creando la ilusión de una extensión ilimitada del bosque.
La ausencia de color acentúa la atmósfera melancólica y contemplativa de la escena. El contraste entre las zonas iluminadas y las sombras profundas genera un efecto dramático, enfatizando la sensación de misterio y lo desconocido que emana del bosque. La repetición vertical de los troncos contribuye a una impresión de quietud y permanencia, mientras que la presencia de los tocones sugiere un ciclo de vida y muerte en constante movimiento.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, o sobre la fragilidad del equilibrio ecológico. La intervención humana, simbolizada por los tocones, se contrapone a la grandiosidad y la inmensidad del bosque, planteando interrogantes sobre el impacto de la civilización en el mundo natural. También es posible leer la imagen como una metáfora de la introspección o la exploración del subconsciente, donde la oscuridad y la densidad del bosque representan los aspectos ocultos de la psique humana. La luz que se filtra podría simbolizar la búsqueda de claridad o comprensión en medio de la confusión.