Ivan Ivanovich Shishkin – Flowers fence. Mid-1880 38h54
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El primer plano está dominado por una profusión de vegetación: hierbas altas, flores silvestres y unas plantas con inflorescencias blancas que se elevan hacia la luz. La paleta cromática es rica en verdes, desde los más oscuros y profundos hasta los más luminosos y vibrantes, creando una sensación de vitalidad y frescura. La pincelada es suelta y expresiva, capturando la textura rugosa de las hojas y el movimiento sutil de las flores mecidas por la brisa.
En el fondo, se vislumbra un bosque denso, con troncos de árboles que se pierden en la penumbra. Esta zona está tratada con una menor nitidez, lo que contribuye a crear una sensación de profundidad y misterio. La luz que filtra entre los árboles sugiere una atmósfera húmeda y fresca.
La composición invita a reflexionar sobre la relación entre el hombre y la naturaleza. La valla simboliza la intervención humana en el paisaje, el intento de imponer un orden artificial sobre la espontaneidad del mundo natural. Sin embargo, la vegetación salvaje se abre paso con fuerza, reclamando su espacio y desafiando esa limitación. La imagen sugiere una tensión inherente entre estos dos polos: la domesticación frente a la libertad, la contención frente al crecimiento incontrolado.
El uso de la luz es significativo. La iluminación no es uniforme; más bien, se concentra en las flores del primer plano, atrayendo la atención del espectador hacia esa zona de vitalidad y esperanza. La valla, por el contrario, permanece sumida en una penumbra que acentúa su carácter artificial y opresivo.
En definitiva, esta pintura no es simplemente una representación de un paisaje rural; es una meditación sobre la naturaleza transitoria de las cosas, la persistencia de la vida frente a la decadencia, y la compleja relación entre el hombre y el entorno natural. La sensación general que transmite es de melancolía serena, una aceptación resignada del paso del tiempo y la inevitabilidad del cambio.