Autumn 1888 77, 6h23, 5 Ivan Ivanovich Shishkin (1832-1898)
Ivan Ivanovich Shishkin – Autumn 1888 77, 6h23, 5
Editar atribución
Descargar a tamaño completo: 1000×617 px (0,2 Mb)
Pintor: Ivan Ivanovich Shishkin
En 1888, Ivan Shishkin, maestro del arte del paisaje, pintó su cuadro El otoño dorado. Ahora se encuentra en la Galería Tretyakov. Este cuadro es muy apreciado por los espectadores, al igual que la obra más popular de Shishkin, "Mañana en un bosque de pinos", que pintó junto a Savitsky. A diferencia de Morning, en Golden Autumn Shishkin retrata la naturaleza otoñal en lugar del bosque, como sugiere el título. De un vistazo fugaz al cuadro de Shishkin "Otoño dorado" se puede ver la transición tranquila y divina de la naturaleza de una corriente a otra, durante el misterio del otoño.
Descripción del cuadro de Ivan Shishkin "Otoño dorado".
En 1888, Ivan Shishkin, maestro del arte del paisaje, pintó su cuadro El otoño dorado. Ahora se encuentra en la Galería Tretyakov. Este cuadro es muy apreciado por los espectadores, al igual que la obra más popular de Shishkin, "Mañana en un bosque de pinos", que pintó junto a Savitsky. A diferencia de Morning, en Golden Autumn Shishkin retrata la naturaleza otoñal en lugar del bosque, como sugiere el título.
De un vistazo fugaz al cuadro de Shishkin "Otoño dorado" se puede ver la transición tranquila y divina de la naturaleza de una corriente a otra, durante el misterio del otoño. La naturaleza, como si se durmiera, se deleita en su belleza somnolienta junto al lago cercano.
En este cuadro de Shishkin se expresan vívidamente todos los detalles de la naturaleza otoñal. El lienzo está inundado por la luz amarilla del sol, que ilumina las hojas amarillas del otoño. Los tonos dorados impregnan todo el cuadro, dando la impresión de que la naturaleza está vestida con sus trajes más caros.
Las nubes que cubren el cielo parecen insinuar la excitación del ambiente antes de la lluvia que se avecina. Al mismo tiempo, el cielo está pintado en tonos amarillos en lugar de gris sombrío. Uno tiene la impresión de que el tranquilo remanso de la naturaleza está a punto de estallar en un mágico torbellino de hojas amarillentas, dejando un interesante ikebana en el suelo.
Una suave brisa tambalea las copas de los árboles, como si invitara a una dinámica danza de belleza. Las hojas caídas se extienden sobre el agua como una manta. Shishkin retrata el agua con gran viveza, reflejando toda la belleza del esplendor otoñal y las hojas caídas.
El cuadro "Otoño dorado" de Shishkin es una obra que no tiene fin. En ningún otro lugar se puede disfrutar tanto del esplendor de la naturaleza como en esta imagen. La naturaleza, ligeramente brumosa pero hermosa, te hechiza, haciendo que tu corazón lata al unísono con el viento otoñal.
Кому понравилось
Пожалуйста, подождите
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Necesitas iniciar sesión
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).



















No se puede comentar Por qué?
El agua refleja con cierta imprecisión los árboles, creando un efecto de duplicidad que intensifica la sensación de profundidad y quietud. La luz, difusa y tenue, parece filtrarse a través de la neblina, suavizando los contornos y atenuando el contraste entre las zonas iluminadas y sombrías. Se intuyen algunos elementos arquitectónicos en la distancia, apenas esbozados, que sugieren una presencia humana sutil e integrada en el paisaje.
La paleta cromática es restringida pero efectiva: predominan los tonos terrosos, con toques de verde oscuro en algunas zonas más protegidas del sol. Esta limitación contribuye a crear un ambiente introspectivo y contemplativo. El cielo, apenas visible entre la vegetación, se adivina grisáceo y opaco, reforzando la impresión general de melancolía y transitoriedad.
Más allá de una mera descripción naturalista, el cuadro parece explorar temas relacionados con el paso del tiempo, la decadencia y la belleza efímera. La ausencia casi total de figuras humanas invita a la reflexión sobre la soledad y la insignificancia del individuo frente a la inmensidad de la naturaleza. La atmósfera brumosa y la pincelada suelta sugieren una visión subjetiva e impresionista, donde la realidad se filtra a través de la sensibilidad del artista. Se percibe un anhelo por capturar no tanto la apariencia visual del paisaje, sino más bien el sentimiento que evoca: una profunda resonancia emocional ante la fugacidad de la vida y la belleza del mundo natural.