Konstantin Andreevich Somov – Evening landscape
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El elemento arquitectónico, presumiblemente una casa o taller, destaca por su coloración terrosa y la presencia imponente de una ventana con marcos azules. La vegetación trepadora que se adhiere a la pared sugiere un crecimiento natural, casi indomable, que contrasta con la estructura construida. La ventana, aunque abierta, no revela interior alguno; es un marco hacia una ausencia, un vacío que invita a la reflexión sobre lo que podría estar ocurriendo tras ella.
El jardín se extiende en tonos ocre y marrón, delineado por la cerca de madera pintada de un rojo oxidado. La disposición de los elementos vegetales sugiere un espacio cultivado, pero también abandonado, con una sensación de decadencia inherente a la naturaleza. La ausencia de figuras humanas acentúa esta impresión de soledad y desolación.
El cielo, representado en tonos grises y azulados pálidos, se funde con el horizonte, creando una sensación de profundidad y distancia. Un árbol desnudo, situado en el centro del plano medio, apunta hacia este horizonte, como un faro solitario en la penumbra. Su falta de follaje intensifica la atmósfera invernal o de transición estacional que impregna la escena.
La paleta cromática es deliberadamente limitada y apagada, dominada por tonos terrosos y ocres, con toques de azul y verde que aportan una sutil vibración a la composición. La pincelada es suelta y expresiva, contribuyendo a la sensación general de intimidad y melancolía.
Subtextualmente, esta pintura podría interpretarse como una reflexión sobre el paso del tiempo, la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la decadencia. El jardín abandonado, la ventana cerrada y el árbol desnudo son símbolos de pérdida y nostalgia. La ausencia de figuras humanas sugiere un sentimiento de aislamiento y desconexión del mundo exterior. La escena evoca una introspección profunda, invitando al espectador a contemplar su propia existencia frente a la inmensidad del tiempo y la naturaleza. Se intuye una historia no contada, un recuerdo latente que se manifiesta en la quietud del paisaje.