Konstantin Andreevich Somov – Self-portrait in the mirror
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El hombre viste un traje oscuro con pajarita, lo cual denota una cierta formalidad y posiblemente una posición social acomodada. La paleta cromática es predominantemente oscura, dominada por tonos marrones, negros y grises, que contribuyen a crear una atmósfera solemne y contemplativa. El fondo se desvanece en la oscuridad, acentuando aún más el protagonismo de la figura retratada.
La particularidad más significativa reside en la imagen reflejada en el espejo. No se trata de una copia exacta del sujeto; más bien, percibimos una versión ligeramente alterada, con un ángulo diferente y una expresión que parece más melancólica o incluso atormentada. Esta dualidad visual introduce una capa de complejidad interpretativa. El espejo no solo actúa como un elemento realista, sino también como un símbolo de la introspección, la autoevaluación y la confrontación con el propio ser.
Podríamos inferir que el artista buscaba explorar la idea de la identidad fragmentada o la existencia de múltiples facetas dentro de una misma persona. La diferencia entre la imagen directa y su reflejo sugiere una disonancia interna, un conflicto entre la apariencia externa y la realidad subjetiva. El autor parece interrogarse sobre la naturaleza de la percepción, tanto la propia como la ajena, y sobre cómo el espejo puede revelar aspectos ocultos o reprimidos del yo. La técnica pictórica, con su meticuloso tratamiento de las texturas y los volúmenes, refuerza esta sensación de realismo psicológico y profundidad emocional. El uso sutil de la luz contribuye a crear una atmósfera de misterio e invita al espectador a reflexionar sobre el significado subyacente de la obra.