Vasily Ivanovich Surikov – Anfisa. 1900 e
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La paleta cromática es dominada por tonos terrosos: ocres, marrones y dorados que envuelven tanto a la modelo como al fondo difuminado. Esta elección contribuye a crear una atmósfera opresiva, casi sofocante, que acentúa la sensación de aislamiento que emana del personaje. La luz es tenue y desigual, proyectando sombras sutiles sobre el rostro y el velo que cubre su cabeza, lo cual intensifica la impresión de misterio.
El elemento más llamativo es, sin duda, el elaborado pañuelo o chal que envuelve a la joven. Su intrincado diseño floral, con predominancia de tonos rojizos y dorados sobre un fondo beige, contrasta con la palidez de su piel y la sobriedad del vestido oscuro que lleva debajo. Este adorno no solo sirve como elemento decorativo, sino que también funciona como una barrera física y psicológica entre la modelo y el mundo exterior. La complejidad del patrón floral podría interpretarse como un símbolo de riqueza o estatus social, pero al mismo tiempo, su opulencia resulta casi asfixiante, reforzando la idea de una vida restringida o impuesta.
El rostro de la joven es notablemente pálido y sus facciones delicadas, aunque ligeramente desdibujadas por la pincelada suelta y expresiva del artista. Sus ojos, grandes y oscuros, transmiten una profunda tristeza o resignación. La boca está ligeramente entreabierta, como si estuviera a punto de decir algo que nunca sale a la luz.
En cuanto a los subtextos, se puede inferir una reflexión sobre el papel de la mujer en la sociedad de la época, posiblemente dentro de un contexto aristocrático o burgués. La pintura sugiere una vida marcada por las convenciones sociales y las expectativas familiares, donde la individualidad y la libertad personal están limitadas. La mirada esquiva y la expresión melancólica podrían interpretarse como una manifestación silenciosa de frustración o insatisfacción. El velo, además de un elemento decorativo, podría simbolizar el encierro, tanto físico como emocional, que sufría la mujer en esa época. En definitiva, la obra invita a la contemplación sobre temas universales como la identidad, la libertad y la condición humana.