Swedish artist – Odelmark Frans Wilhelm The Snake Charmer
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En primer plano, un hombre vestido con ropas tradicionales, presumiblemente un encantador de serpientes, se encuentra sentado sobre una alfombra. Su atuendo, que incluye un turbante blanco y una túnica rosada, contrasta con los tonos terrosos del entorno. Alrededor suyo, varias serpientes se agitan, aparentemente hipnotizadas por la música que emana de su instrumento. Un pequeño grupo de espectadores observa la escena con diferentes grados de interés y atención; algunos parecen cautivados, otros muestran una actitud más distante o incluso escéptica.
En los niveles superiores del patio, figuras adicionales se vislumbran en balcones y ventanas. Una mujer vestida de blanco, sentada en un balcón central, parece observar la escena con cierta indiferencia, separada por una barrera física y social. Otras figuras, envueltas en ropas oscuras que sugieren modestia o incluso reclusión, se distinguen en las sombras.
La iluminación juega un papel crucial en la atmósfera de la obra. La luz solar intensa ilumina el patio, resaltando los detalles arquitectónicos y creando una sensación de calidez y exotismo. Sin embargo, también genera áreas de sombra que sugieren misterio y ocultamiento.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de poder, control y fascinación. El encantador de serpientes representa una figura ambigua: un maestro de su oficio, capaz de dominar a criaturas peligrosas con su música, pero también un objeto de curiosidad y potencialmente de desconfianza por parte del público. La mujer en el balcón podría simbolizar la distancia entre las clases sociales o la opresión femenina dentro de una cultura conservadora. La arquitectura misma, con sus arcos y balcones que separan los espacios, refuerza esta idea de segregación y jerarquía social. El uso de la luz y la sombra contribuye a un ambiente de tensión y ambigüedad moral, invitando al espectador a reflexionar sobre las dinámicas de poder presentes en la escena. La obra evoca una sensación de anhelo por lo exótico, pero también insinúa una crítica sutil hacia la mirada occidentalizada del otro.